FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Fábula del banco malo que no lo es tanto… Por Francisco Pomares

Lo del banco malo tiene su cosa: consiste en una sociedad financiera inventada por el Gobierno para quedarse con los activos que nadie quiere. Una suerte de saco de desperdicios que pagamos con dinero público, y que le compra basura inútil a los otros bancos. Suena raro, pero es una de las medidas desarrolladas por el Gobierno de la nación para que el famoso rescate bancario se produjera en los términos ya conocidos: 34.000 millones de nada (de euros), que el Gobierno se encargó de sacar del ajuste de las pensiones durante siete años, de los que aún quedan cuatro para cuadrar la cuenta.

Pero esa es otra historia para no dormir. Esta es que si alguien pregunta cuánto nos cuesta a los españoles el banco malo, les diré que yo no lo sé, pero lo que sí parece cierto es que el banco del que hablamos es malo porque para hacer negocios y esquilmar a sus clientes no sirve, pero no porque sus intenciones sean especialmente aviesas.

Comparado con el resto de los bancos, más bien debería ser considerado un banco bondadoso y solidario que se dedica a hacer buenas acciones, como si fuera el banco de los boy scouts. Mientras, el resto de las entidades andan instaladas desde hace unos cuantos años en sacarle a la gente hasta el último duro que haya conseguido salvar de la crisis.

Si le parece que exagero, pásese por un banco de los considerados buenos y dele los buenos días al cajero. Con suerte sólo le cobrarán cinco euros por hacerlo.

Una prueba de que el banco malo no lo es es lo que ayer anunciaban los periódicos. El banco de marras -conocido como Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb)- ha cerrado un acuerdo con Patricia Hernández para ceder a Canarias cincuenta viviendas que serán destinadas a alquiler social.

El convenio que regula ese acuerdo fue firmado el miércoles, y no es el primero que se suscribe con los gobiernos regionales: el banco cede durante cinco años a Canarias viviendas habitables, para ser colocadas como oferta de alquiler social por Visocan.

El banco se encarga de seguir pagando tasas, tributos, comunidad, seguros y todas esas cosas que ya paga, y el Gobierno de mantener las viviendas adaptando su alquiler a los ingresos de los solicitantes.

Cuatro mil viviendas se han cedido en total en este régimen a otras regiones y grandes ayuntamientos, y a cambio parece que el banco sólo obtiene la satisfacción de «contribuir a la mejora de la situación de familias afectadas por la crisis», o eso es lo que dice el responsable que firmó con el Gobierno.

Si así fuera, va a resultar que no es ni tan malo ni tan inútil tener un banco público como dicen los bancos privados y sus portavoces desde hace años. Y van a decirme que ya puede el banco malo ser en realidad bueno, si resulta que lo mantenemos con nuestros impuestos. Y voy a contestar que a los otros también. Cada vez que hace falta.

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