Cine SANTA CRUZ

RELATO. La noche que Matt Damon se meó encima en un ascensor del hotel Mencey

El grupo de curiosos integrado por cruceristas y chicharreros noveleros, todos con los móviles sobre sus cabezas tratando de captar la explosión de un coche que acababa de producirse frente a ellos en la avenida de Anaga, no reparó en una persona que, tocada discretamente  con una gorra y unas grandes gafas de sol, era nada menos que el protagonista de la película cuya escena acababan de ver en vivo.

MATT DAMON, RODAJE

Mat Damon ladeó ligeramente la cabeza y sus dos escoltas le siguieron discretamente hasta su roulotte que se encontraba a muy pocos metros, cerca del charco de la Plaza de España. Matt se estaba meando encima.

Aquella tarde libre la había pasado en una terraza de la Plaza de la Candelaria, poniéndose morado de perritos calientes y cervezas. Las ‘Garimbas’, como la llamaban los isleños, pensaba Damon mientras entraba en el pequeño baño de su caravana.

Fue en el momento de ir a tocar la cremallera de su pantalón cuando el actor reparó que por encima de la mampara de ducha se movía un palo de selfie. Casi inmediatamente las puertas reventaron, cayendo sobre él una especie de morcilla ninja negra con una cámara GoPro en la cabeza y una mochila de la que sobresalía el palo que lo había delatado.

-«Tranqui Mat, Yo soy ‘Cocodrilo Armani’… I’am the Armani cocodrile. Amigo, amigo…no problem», susurraba el intruso mientras los dos rodaban por el estrecho espacio del baño.

Damon no supo si fue su chillido el que hizo que el escolta negro reventara de una patada la puerta del baño o si fue esa puerta, al desencajarse y caerle encima, lo que hizo que chillara como un poseído.

Segundos después, un segundo guardaespaldas le tiraba de las piernas y Damon pasaba por debajo del fornido ex jugador de la Liga de Fútbol Americano que trataba de evitar que ‘Cocodrilo Armani’ le siguiera por el mismo camino. Afortunadamente, la envergadura del intruso, el chaleco negro que llevaba, junto a su mochila negra y el jodido palo de selfie, evitaron que pudiera salir del estrecho cubículo.

Lo último que Matt pudo ver antes de salir corriendo de la caravana fue a su escolta golpeando una y otra vez con el walkie talkie a su atacante, encajado entre sus piernas, mientras éste chillaba histérico «En la cara no, en la cara no, que tengo que grabar videos».

Matt Damon

Damon estaba muy enfadado. Le echo una bronca tremenda al guardaespaldas israelí que la productora le había facilitado. Éste aguantó el chaparrón que el actor le estaba echando y, viendo que Matt se apretaba insistentemente sus partes íntimas, le señaló la cafetería que tenían en frente.

Un minuto después, la estrella de la película que se estaba rodando en la capital tinerfeña, cruzó rauda entre las mesas de la terraza, pasó como un tiro por la cafetería y enfilo hacia una pequeña puerta que quedaba al fondo de un corto pasillo. Entró.

Había poca luz. El retrete, a la derecha, tenía la puerta cerrada y no tuvo más remedio que usar el único urinario disponible ya que el otro estaba tapado por una bolsa de basura. Olía a meados, pero Damon necesitaba urgentemente vaciar su vejiga que le iba a explotar en cualquier momento.

Alertado por el susto anterior, no le pasó desapercibido el ‘clic’ de la puerta del retrete al abrirse, segundos antes de ver detrás de él a dos fulanos, embutidos en sendos monos blancos y con máscaras de pintor en la cara.

-«Hooola Matt, somos ‘Ruda y Ruín-man’, y esto es pa tí brodell…»

Mat observó impotente como ambos de despojaban en un suspiro de sus monos blancos quedándose solamente con unas ajustadas mallas negras con altos tacones. El más flaco pulsó su teléfono móvil y empezó a sonar una conocida canción de su amiga Beyoncé, mientras los dos sujetos empezaban a bailar descordinadamente entre los meados.

Fuck my old boots» [no me jodas], logró balbucear Damon mientras pensaba que iba a acabar violado por aquellos dos travestis que le miraban con la lengua fuera -sobre todo el más alto- mientras eran poseídos por una especie de ataque epiléptico.

El guardaespaldas israelí le echó un chorro de gas de pimienta al más bajito, que salió chillando como un curiel cabreado y, cruzando por la cafetería y la terraza, se estampó contra la esquina del muro de plantas que tiene el cabildo en la plaza. Rebotando, acabo dentro del charco mientras era grabado por los móviles de decenas de personas que pensaban que aquello era parte de la grabación de la película.

Al bailarín más flaco el guardaespaldas le hizo una llave inmovilizadora que le redujo, momento que Matt Damon aprovechó para escapar y correr hasta la zona de aparcamientos, montar en una de las motos de la película y salir de estampida.

La velocidad y brisa de la noche hizo que el aire que le daba en la cara le hiciera olvidar momentáneamente que se estaba meando vivo.

Entro en el hotel por el parking. Cruzó los jardines y cuando estaba a punto de abrir la puerta de cristal vio como se le acercaban por la galería dos elementos. Uno, el más bajito y con cara redonda, llevaba una especie de mostrador lleno de pegatinas, ajustado con unos tirantes. El otro, más alto, no cesaba de poner caras rarísimas. Ambos llevaban una lata de garimba en sus manos.

-«Chooooos, mira: Er Mad Deimon. Chooooooooos, chacho, esto solo puede pasar en Canarias. Ven, que te vamos a hasssser una foto pal Cabildo…»

-«Mira, éste es ‘Desvarío López’ y yo soy ‘Caamarón Gómez’, humoristas y tarrr», dijo el más alto poniendo más caras.

Matt Damon

Damon no lo dudo. La primera patada se la llevó el más bajito, el del mostrador. Se la dio entre dos pegatinas del frontal del mostrador (entre una que ponía ‘Mercadoña’ y otra que ponía ‘Binter Canarias’). Matt le empotró el artilugio en todos los testículos, mientras ‘Desvarío López’ se derrumbada llevándose las manos a la zona traumatizada y lanzando un profundo «Ñoooooooooos«.

También lanzó una segunda patada, esta vez al aire, ya que el de las caras corría por el césped del hotel como alma en pena.

Exactamente 30 segundos después Matt Damon entraba en el ascensor que le llevaría a su suite en la última planta.

A las tres de la mañana, la camarera de piso del Hotel Mencey maldecía a los artistas allí alojados, mientras pasaba la mopa por el piso del ascensor y ponía toallas en la moqueta para empapar los charcos de meada.

-«Pues no habrá tenido sitio el cabrón este pa mear…», refunfuñaba mientras seguía a lo suyo.

Fuente: Zoombie News

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  • Matt «marrano» Damon ya tiene un nuevo guión para una nueva película, que podrá filmar en Santa Cruz de Tenerife sin necesidad de disfrazarla de Atenas o cualquier otro lugar deprimido o problemático. ¡¡¡Qué aquí ya tenemos nuestros propios problemas!!!