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¡Viva el colorín! Por Eduardo García Rojas

En la categoría de las bellas artes no sé si el cómic ocupa el puesto noveno pero con historietas así… esas que saben conmover y despertar tu lado más triste y también reflexivo solo podemos decir: ¡vivan los colorines!, ¡vivan los chistes!, ¡vivan los tebeos! 

El arte de volar (Edicions de Ponent, 2009). Obra escrita por Antonio Altarriba e ilustrada por Kim, la historia relata la vida del padre del guionista desde sus años mozos en el campo aragonés, pasando por su juventud durante la Guerra Civil y el exilio en Francia, hasta su otoño en la primero España franquista y más tarde democrática. Novela gráfica que sabe a clásico, por una vez lo de novela como lo de gráfica encaja como un guante para definir la altura de un colorín bien macerado que a mí, personalmente, aún emociona. Y cuesta mucho trabajo, créanme, emocionarme y que me distraigan las lágrimas que comienzan a brotar de los ojos. En este relato se habla, y muy bien, de una existencia cualquiera. Y de la amistad, el amor, el matrimonio y los hijos. Su protagonista, libertario de  los de antes, nos enseña a lo largo de toda su vida lo que hay que tener para volar.

Reyes Disfrazados (Norma Editorial, 2007).- El cómic muestra cómo sobrevive un niño de doce años en los duros años de la Depresión en unos empobrecidos Estados Unidos de Norteamérica. Obra dura e intensa, pero igual de vitalista que El arte de volar, Reyes Disfrazados recoge la tradición que los emperadores de los caminos, los vagabundos, han impreso en la cultura de ese gigantesco, complejo y tan contradictorio país. Escribe esta obra circular James Vance e ilustra Dan Burr, dibujante fogueado en la subcultura de alcantarilla, el underground que le dicen. No me vale con recomendarlo, de hecho su lectura resulta obligatoria para hacerse una idea del profundo drama humano que generó la crisis del 29 y cuya onda expansiva se extendió hasta el inicio de la II Guerra Mundial. Su lectura hace pensar y reflexionar sobre nuestro tiempo presente.

Saludos, ¡viva el colorín!, desde este lado del ordenador.

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