FIRMAS Salvador García

Horarios. Por Salvaror García

Hubo horarios que condicionaron nuestras vidas, al menos algunas etapas. Servían de pauta, de guía; forjaron hábitos y costumbres. Celebraciones, convocatorias, programas… Algunos, por cierto, eran marcados por espacios radiofónicos cuyos comienzos eran puntualísimos, por no decir  escrupulosos. Eran otros tiempos, claro que sí. De menos libertades, de más convencionalismos, de menos opciones, de más imperativos. Buena parte de la adolescencia y de la juventud se desarrolló con arreglo a esos horarios sobre los que basculaba la cotidianeidad. No hay reproche: cabe interpretar la puntualidad -y su cumplimiento- como una consecuencia de haberse desenvuelto respetándola y cultivándola.

Puestos a recordar, por ejemplo, en el Puerto, la actividad escolar se iniciaba a las nueve de la mañana y se prolongaba hasta la una del mediodía. Las clases se reanudaban por la tarde, de tres a cinco y también de cuatro a seis. Los comercios también hacían jornada partida, con alguna flexibilidad según los ramos. A las ocho o nueve de la mañana abrían sus puertas, casi siempre con los propietarios presentes. Los cines conocieron dos épocas: una primera en la que las sesiones eran a las siete de la tarde y diez de la noche; y una segunda, en la que se sucedían a las seis, ocho y diez. Solo la duración de las películas alteraba este régimen. Los domingos se añadía la de las cuatro de la tarde, reservada para la grey infantil.

Con los deportes, había una cierta uniformidad. En fútbol, por ejemplo, hay que consignar que a las dos y media de la tarde jugaban juveniles o infantiles -principalmente los primeros- que eran identificados como preliminares. A las cuatro -y a partir de abril, las cinco- comenzaba el encuentro de Primera categoría. En baloncesto, la cita dominical en la cancha de tierra de la plaza del Charco era a las doce del mediodía. Sobre esa hora, o un poco más tarde, también había peleas de gallos, en el desaparecido teatro Topham o en el parque San Francisco, actualmente en desuso. Muy cerca, en los locales de la Cruz Roja, también al mediodía de domingos y festivos, se abría un juego de lotería con cartones que se hizo muy popular. Por seguir en domingo y jornadas festivas, en las salas de fiesta, en la segunda mitad de los años sesenta, fue habilitado un horario para jóvenes desde las cinco de la tarde hasta las nueve o diez de la noche.

La vida social del pueblo tenía también sus horas señaladas. A las nueve menos cuarto de la mañana, repicaban las campañas de la Peña llamando a misa de las nueve. A las horas y cuarto y a las menos cuarto, salían los micros (servicio ‘express’) para Santa Cruz. No tenían menos importancia los trayectos urbanos que salían de la plaza del Charco a las horas punta y a las medias.  La célebre tertulia del ‘Dinámico’ (cámara alta) solía levantarse a las nueve de la noche. Luego, ya en los setenta, la que sustituyó era entre las dos y las cuatro de la tarde.

Citamos al principio los usos derivados de los horarios de programas radiofónicos o televisivos. Una buena hora para regresar a casa, por ejemplo, era las ocho y media de la tarde o de la noche, cuando sonaba la sintonía de Radiogaceta de los deportes (Radio Nacional de España) y había que estar al tanto de la actualidad. Se suponía que, a esa hora, ya había llegado desde Santa Cruz la remesa del periódico La Tarde, por el que esperaban unos cuantos antes de retirarse. En los sesenta, en meses invernales, a las nueve de la noche hay quien se daba prisa para seguir el memorable espacio “Las tres columnas”, realizado en directo por el padre José Siverio en La Voz del Valle. La primera cita seria con la información, para quienes iban en coche a La Laguna o Santa Cruz, era España a las 8, con Victoriano Fernández Asís, en Radio Nacional, que también tuvo otra convocatoria muy popular en cierta época, a esa misma hora y a la una de la tarde: Novedades musicales, de Juan María Mantilla. Ya en los setenta, el programa que condujimos en Radio Popular de Tenerife (COPE), Radio-Deportes, concentró a mucha gente en la esquina del bar El Capitán a las dos y media de la tarde.

Durante muchos años, el partido televisado de los domingos se iniciaba a las siete y media de la tarde. Primero, los miércoles; y luego los lunes, a las nueve de la noche, emitían en TVE el programa Trofeo (después Estudio Estadio), con los resúmenes de la jornada futbolística.

En fin, horarios de entonces que, en muchos casos, servían de pauta. Puede que muy rígidos pero téngase en cuenta las circunstancias sociohistóricas de la época. Los más recientes y los actuales tienen otro carácter, ¿verdad?

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