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La noche, una novela sobre el mundo del boxeo de Andrés Bosh. Por Eduardo García Rojas

Desde que yo comencé a frecuentar el gimnasio de Calder y vi lo que Barba representaba allí, y cómo se portaba, las burlas de Pedros y los otros me parecían fruto de la ignorancia, como las risas que algunos ofrecen ante la vestidura de un visitante árabe. Y comprendí que cada uno es, en gran parte, según se le trate. Lo que le ocurría a Bernardo, seguramente les ocurría también a los demás boxeadores que frecuentaban el gimnasio. Aquella gente que en el gimnasio era bien considerada, que tenía deberes y responsabilidades, cuya personalidad era conocida y estudiada, que, en fin, eran individuos claramente determinados en su manera de ser, y de cuyos actos se derivaban consecuencias importantes, eran, todos ellos, obreros como Bernardo y como yo, gente que lavaba madejas en las granes bañeras, que cargaba paquetes en los camiones, que hacía trabajos que cualquier otro hubiera podido hacer.  ¿Qué importaba, en la fábrica, que el hombre que cargaba los paquetes a sus espaldas se llamara José Comellas o Jim Echevarría? Cualquiera podía hacer aquello, pero era necesario que alguien –cualquiera–  lo hiciese, y el que lo hacía no era José Comellas o Jim Echevarría, sino el-que-carga-los-paquetes.”

(La noche, Andrés Bosch. Colección: Autores Españoles Contemporáneos, Editorial Planeta, 1959)

La literatura en España cuenta con escasas novelas y cuentos dedicados al mundo del boxeo, un deporte que no goza de demasiada buena prensa en este país aunque exista legiones de aficionados que, como si miembros de una extraña hermandad se trataran, siguen con devoción los combates que se libran y a los boxeadores que a base de golpes han logrado hacerse una carrera o quedarse a medio camino de ella.

Recuerdo, entre otros, un excelente relato de Ignacio Aldecoa, Young Sánchez, que dio origen a la película del mismo título de Mario Camus (1963) y con el actor Julián Mateos como protagonista, o ese libro en el que el mismo autor mezcla el reportaje periodístico y la narración literaria que es Neutral Corner. Ricardo Tejeiro es el autor, por otro lado, de Audaz y tanguista, donde recrea la vida de su abuelo, el púgil Ángel Tejeiro Casteleiro en los años treinta y Andrés Bosch, el incomprensiblemente olvidado Andrés Bosch, La noche, novela que obtuvo el premio Plantea en 1959 y que transcurrido el siempre implacable paso del tiempo continúa disfrutando de una juventud envidiable que la convierte en un clásico no solo de la sospecho indigente literatura pugilística española sino de la literatura a secas que se ha escrito en este país.

Con suerte, y si visitan alguna librería de segunda mano o rastros, pueden todavía encontrarse con un ejemplar, por lo que les animo a que si tienen suerte no se lo piensen dos veces y se hagan con un libro que habla desde dentro de lo que significó dedicarse a este deporte en la década de los cincuenta en España y a estremecerse con un relato en el que además de contarnos la historia de un boxeador mediocre pero que cuenta con un golpe demoledor, se adentren en su grisácea vida familiar y sean uno más del universo de amigos y compañeros que lo rodean cuando comienza su carrera pugilística, trayectoria que lo llevará a convertirse en campeón.

Si se lee La noche se apreciará que Andrés Bosch, que fue también un notable traductor, conocía desde dentro las interioridades del boxeo ya que él mismo probó suerte con los guantes en el cuadrilátero. Su historia sabe por eso a verdad al describir un ambiente y una atmósfera que reconocemos los aficionados a través y sobre todo de la literatura y el cine, con las peculiaridades de la España de aquel tiempo. Una España que todavía arrastraba el hambre de la postguerra y en la que los boxeadores eran vistos como estrellas de un deporte que con todas sus luces y sombras proporcionaba catarsis a los habitantes de una nación que solía acostarse con el estómago medio vacío.

Pero sería injusto etiquetar La noche como una novela social. En todo caso, La noche es una novela sobre la individualidad y el anhelo por ser otro, de escapar de un trabajo limitado y de una familia, más que deseada, impuesta por las circunstancias.

Se trata del relato de un hombre que quiere ir a más no por ser reconocido entre los demás sino para escapar de una realidad que lo limita. Es también la historia de un hombre que quiere combatir en el ring, aguantar palizas y en el momento en que menos se lo espera lanzar su puñetazo de izquierda directo al hígado del contrincante.

La noche, novela que consta de tres partes, las dos primera narrada en tercera persona y la segunda, la más amplia y un epílogo en primera para dar voz a su protagonista, Luis Canales, describe el mundo del boxeo con notable pulso narrativo y a sus boxeadores, como deportistas que aman un deporte que los puede dejar sonados, como pasa con el mejor amigo de Canales, Bernardo Barba. Al mismo tiempo, Andrés Bosch refuerza el relato reflejando el ambiente del gimnasio y de la competición profesional.

Rodea a su protagonista unos actores secundarios en los que aparecen empresarios y promotores con pocos escrúpulos, entrenadores veteranos y otros púgiles que como Lázaro, Ramón Kutz, que “era de Tenerife y hablaba con acento dulce. Boxeaba muy bien pero se preocupaba más de la elegancia de sus movimientos que de pagar tortas o esquivarlas”; Jim Echevarría y el ya mencionado Bernardo Barba, cuya carrera va en declive paralelamente al ascenso de Canales, hacen que esta novela sea un título imprescindible no ya solo para conocer la realidad de este deporte visto en caliente y desde dentro, sino también para tener una idea de lo que había para sobrevivir en unos días marcados aún por la escasez y el hambre.

Andrés Bosch falleció por infarto a los 58 años de edad y como explica el también escritor Manuel Vázquez Montalbán en la esquela que publicó el diario El País el 15 de marzo de 1984, perteneció “a la promoción de los escritores vivenciales hispánicos, algo emparedados entre los neorrealistas y los otros, y propongo que se le relea un día de éstos y que los críticos digan, algo, aunque sean cuatro cosas, sobre un buen escritor que casi nunca estuvo de moda.”

Lo leo y espero que lo lean: “que casi nunca estuvo de moda”.

Igual es ahora el momento de recuperarlo.

La noche, de Andrés Bosch.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

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