FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Pelearnos por las migas. Por Francisco Pomares

Después de la foto de Soria y Clavijo en el búnker grancanario de la Presidencia, Canarias es la región española que menos dinero recibe en los Presupuestos por habitante y año. Las cifras tienen muy poco que ver con lo que se esperaba por parte del Gobierno de Canarias. Y del propio PP en las islas, que infla en incremento de los recursos presupuestarios destinados a Canarias hasta el 11 por ciento, pero reconoce -¡por primera vez!- que no es suficiente y que se hará lo posible por mejorar el Presupuesto con enmiendas en el trámite parlamentario. Patricia Hernández debió intuir que iba a ser así, porque se desmarcó del feliz encuentro con Soria alegando que los cambios de talante del PP con Canarias había que reflejarlos en el Presupuesto y no en las reuniones, y que si no había mejoras en las cuentas del Estado para 2016, las promesas e intenciones eran pura filfa. Quienes dicen de doña Patricia que le falta preparación y estilo deberían reconocer también que al menos le sobra olfato…

Pero ese no es el asunto. El asunto es cómo funciona aún esta región nuestra: con los ciudadanos de Canarias peor tratados que los del resto del país, la provincia de Santa Cruz de Tenerife queda como la sexta por la cola en inversión, y la de Las Palmas la cuarta, también por la cola. Son malas noticias para todos, pera esa «pavorosa» diferencia ha provocado ya los primeros conatos de conflicto en torno al reparto de las migajas que nos llegan de Madrid. La prensa grancanaria habla del agravio que supone que Tenerife reciba más recursos, y el alcalde de Las Palmas, el socialista Hidalgo, se queja amargamente de que se haya encontrado dinero para el anillo insular de Tenerife, pero no para la cuarta circunvalación de Las Palmas. Olvida el hombre que la inversión en la muy peligrosa carretera de la Aldea, en el suroeste grancanario (más que necesaria y justificada) supone más dinero que el destinado este año al anillo…

En Canarias llevamos cien años dejando a nuestros próceres y jerarcas vivir del cuento del pleito. Aquí somos pleitistas casi por genética, y además vivimos en un sistema que se perpetúa. Cuando en Las Palmas surgen impulsos para superar el pleito, este se exacerba en Tenerife. Cuando es Tenerife quien disminuye su beligerancia pleitista, es entonces cuando Las Palmas se disparata. Y eso suele ocurrir mientras el resto de las islas se dedican a reinventar -quizá con más razón que las capitalinas- su propia versión del pleito, que tiene que ver con su abandono histórico. Un abandono quebrado precisamente gracias a esta Autonomía que ya supera los treinta años, y que ha logrado salvar del desastre a las islas menores.

En fin, que habría que cambiar esta histórica rutina nuestra, grabada en el ADN político de una región que aún sigue instalada en los tiempos y el lenguaje de la vieja partición provincial: perdemos muchísimo tiempo preocupándonos de qué provincia ocupa el lugar cuatro (por la cola) y cuál ocupa el seis, y dedicamos mucho menos esfuerzo a que la inversión prevista en los presupuestos no baje en Canarias de la media nacional, que es lo que teóricamente nos garantiza el REF y lo que no ha cumplido -jamás- ningún Gobierno nacional.

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