FIRMAS

Las fiestas en casa, con lo nuestro, que es sagrado. Por Juan A. Sánchez Henriquez

Me he tomado la conveniencia de atrasar un día más mi jornada de reflexión en relación con la macro fiesta Minimal Sumel, que todavía no alcanzo a calibrar bien del todo que es lo que pretende en un sitio como este y en unas fechas como estas. Me atengo a los resultado de un par de días de celebración en un quórum cercano a las cinco mil personas, de aquí, de allá o de acullá. Por lo que se dice ha sido un organización muy mal desorganizada. Que no se sabe si ha dejado dinero para los intereses del pueblo o para los clásicos organizadores de turno. Pero sí es verdad que lo de que se habla en El Porís de Abona, desde el pasado sábado, es que por aquí ha pasado la marabunta que dirigió Byron Haskin e interpretaron magistralmente Chalthon Heston y Eleanor Parque.

La voz del pueblo, que es la más importante siempre, dice que no merita la pena sufrir alcoholismo, droga y suciedad por lo que se recibe a cambio. Conozco y quiero a este pueblo y a su gente desde hace sesenta años. Aquí estoy viviendo mis últimos días y mi conciencia no me permite dejar al libre albedrío la conducta de los demás. El Porís es un pueblo de gente noble, buena, honrada, solidaria, prácticamente una familia a la que le gusta sembrar para recoger, compartir para recibir, sonreír y recibir sonrisas. Me ha parecido siempre un pueblo feliz con su gente, con sus cosas, con su forma de ser. Su generosidad está demostrada porque aquí se acoge a todo quisque que venga con buena voluntad. Lo que sí es verdad que no nos gusta es que nos engañen, que nos digan una cosa y resulte todo lo contrario. Sobre todo, en la cuestión de drogas. Este fin de semana se vio mucho trapicheo en nuestras esquinas, en cualquier rincón. Yo, con mi propios ojo, no pude reprimir las lágrimas de impotencia e incomprensión por observar a varios jovencitos (más bien niños) «preparándose» el chute con meticulosidad; los brindis con alcohol a tuti-pleni y las meadas y meadillas entre los coches aparcados en cualquier lugar.

Poris de Abona

Aquí no estábamos acostumbrados a esto. Seguimos pensando que tenemos una juventud buena y honrada, vemos salir cada cosecha un año sí y otro también, con un enorme orgullo en nuestras familias. No queremos, por nada del mundo, que nos cambien el chip. El nuestro lo tenemos bien asumido y no nos va mal. No queremos que nos cambien y no nos van a cambiar, aunque siempre venga alguien que quiere seguir el guión de «cuando ruge la marabunta» y, creyéndose hormiga devastadora, se coma el piano que tocaba Eleanor Parque. Ahora bien, lo que no vamos a permitir ni permitiremos es que aparezca por aquí el gañán de turno y se «levante» de su tradicional sitio de siempre el banco de la cocina de Lolo Sanginés…

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