FIRMAS Salvador García

El escaqueo como irrespeto. Por Salvador García Llanos

La denuncia formulada contra un ciudadano de Güímar por parte de la policía local, con aplicación de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, más conocida por ‘Ley mordaza’, sigue dando que hablar.

El denunciado había escrito en una red social comentarios alusivos -nada favorables, desde luego- al estatus policial. “Lo mejor para controlar a una casta de escaqueados, bien acomodados en convenios y estatutos, es alejarlos del centro del poder. Sí señor. Qué grandes. Y para bordar la jugada, les ponen un kiosko con caipiriñas, hamacas y una piscina”, viene a decir y así ha quedado registrado, de modo que la policía, rauda y veloz, tomó el camino del artículo 37 de la denostada norma para tratar de zanjar la cuestión. Ley y tente tieso.

El asunto tiene varios enfoques, más allá del irrespeto con que el cuerpo de policía local sienta que le han tratado. Está en su derecho, oigan. Hasta es posible que aleguen en su favor que no es cierto lo de las caipiriñas y demás. Pero si la expresión ‘casta de escaqueados’ es la que sustancia y ha dado pie a la tramitación de la denuncia, amparándose en una Ley que, teóricamente, fue pensada para otra cosa, entramos en ese controvertido e interpretable terreno de las ofensas, llevadas, incluso, al ámbito personal.

Escaquearse se emplea habitualmente, desde los tiempos cuarteleros, como la manera de eludir, un trabajo, un compromiso o un deber. Como seguro que habrá de todo en la policía local de Güímar, es decir, buenos, celosos, eficientes profesionales, y no tan buenos ni tan celosos ni tan eficientes, la generalización es, como todas, injusta. Pero la cuestión de fondo es otra: escaqueado, aunque fuese verdad, ¿es una conducta merecedora de una denuncia como infracción leve de las consignadas en la Ley?

Cuesta aceptarlo, sobre todo, después de comprobar un día tras otro cómo se suceden y se multiplican en los medios de comunicación expresiones y vocablos atribuidos a personas o cargos públicos que son auténticos insultos. La inmensa mayoría, por cierto, quedan en la impunidad. Algunos de esos cargos, por cierto, se han despachado a gusto. Y entre la libertad de expresión, el laxo criterio de considerar a los damnificados personajes públicos y políticos que todo lo tienen que aguantar, algunas insólitas decisiones judiciales y las pocas ganas de pleitear, ese terreno impune se agiganta.

Otro enfoque: a este paso, con la ‘Ley mordaza’, habrá que andarse con mucho cuidado en las redes sociales. Quienes han creído que todo en ellas estaba permitido, y que se podía escribir cualquier denuesto, que se lo piensen, sobre todo, cuando de cuerpos de seguridad se trate.

Lo peor es que el reflejo del escaqueo lo valora y lo enjuicia la Administración.

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