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¿Puede un modelo masculino convertirse ya en una rentable marca? Por Armando Pinedo

Desde que David Gandy irrumpiera en escena y se convirtiera en una celebridad que firmaba libros, estampaba frascos de perfumes con su nombre o recomendaba la compra de un bañador (y todo, con rotura de stock) el sector de los modelos masculinos dedujo su oportunidad para rentabilizar los nombres y apellidos de sus protagonistas. ¿Los podremos llegar a conocer únicamente como David, Garrett, Sean o Tyson?

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Ha sido y es la eterna pelea: ¿Por qué un modelo debe ganar un 75% menos que una modelo por la misma campaña, por ejemplo, de un perfume? Y es, sin duda, una batalla justa, en la que ambos defienden sus posiciones. Ellos quejándose y ellas calladas, pero acumulando contratos millonarios y reconociendo en círculos cerrados que la diferencia es notable. Sin embargo, que el mercado masculino crece de forma notable se discutirá hoy, y mucho, en los corrillos de la primera edición de la Semana de la Moda Masculina de Nueva York, que arranca en pocas horas en la Gran Manzana con más de 500 periodistas acreditados.

Tyson Beckford imagen de la campaña de Argyleculture

David Gandy, que ha firmado con Marks&Spencer el desarrollo de una colección de baño, ropa interior y hogar, y que trabaja en una línea de productos de alimentación para deportistas, lo tenía claro: “Desde 2006 llevaba observando que la industria se olvidaba poco a poco de los modelos y que prefería cerrar acuerdos publicitarios con celebridades y estrellas del cine, la música y el deporte. Por ello, había dos opciones para mi futuro: o me quedaba como estaba o trabajaba en construir una marca con mi nombre. Opté por lo segundo”. Y es que la estrategia de los agentes de David Gandy, que cuenta con un blog sobre consejos para vestir, viajar o, sencillamente, vivir como un auténtico gentleman, se construyó en el momento en que su campaña para Dolce&Gabbana, en la que mostraba un cuerpo inaccesible para el resto de los mortales, lo catapultó a la fama mundial. Hoy es una celebridad que se sienta en la primera fila de Burberry, que acude a eventos bajo talonario de estrella y que sólo posa en editoriales con aquellas marcas que le pagan o que representa por la sencilla razón de no trabajar para construir otras marcas o diseños que entren en competencia con las suyas. De hecho, es extraño ver a Gandy en publicaciones ajenas al grupo Condé Nast (GQ, Vogue) o fuera de las páginas de The Telegraph, convertido en el diario de cabecera para apoyar cualquier acontecimiento mediático del modelo.

Y a todo ello, sumemos que cuando David Gandy empezó a crecer como marca las redes sociales apenas tenían la repercusión alcanzada hoy en día, donde el modelo se mueve asesorado por una legión de asistentes. Algo similar a lo que construye Garrett Neff, quien desde que posara para la campaña de ropa interior de Calvin Klein ha visto como su currículo alcanzaba el estatus de estrella, al menos, en Estados Unidos. Cierto que su capacidad de convicción comercial aún debe expandirse inteligentemente en Europa, pero parece que su primera colección de baño con su nombre será la apuesta más segura para lograr que Neff asuste el exclusivo reinado de Gandy.

El top model Garrett Neff

Sin embargo, todo se basa en una estrategia digital, donde los modelos masculinos, “aún muy alejados de la poderosa interacción de su competencia femenina (léase Cara Delevigne o Karlie Kloss), tratan de crear canales de comunicación muy directos con sus legiones de fans”, apuntaba recientemente en la web www.businessoffashion.com Kevin Apana, responsable de la división masculina de la poderosa agencia IMG Models, en Nueva York. Y aquí hagamos la debida reflexión a la estrategia que viene desarrollando el equipo de la agencia Next Models hacia el joven Lucky Smith, que supera el millón y medio de seguidores en Instagram, y que apunta maneras de estrella tan mediática como David Gandy. O más.

Neff, a diferencia de Gandy, aseguraba también en una análisis firmado por www.businessoffashion.com que no pensaba ser el rostro de su primera línea náutica, pero sí el portavoz, el director financiero, el creativo… “Quiero que este proyecto ocurra, pero no quiero enfrentarme a la venta de mi nombre. Aún me falta más visión de negocio”, reconocía Garrett Neff. Algo que parece que no le sucede a Tyson Beckford, quien se mueve en su red favorita, Instagram, con una pasmosa actividad vendiendo con gran maestría aquellos productos que se adapten más a su estilo de vida deportivo y más cercano a la comunidad musical, intereses los suyos algo alejados ahora de su potente vinculación con la firma Ralph Lauren, de la que fue uno de los rostros más reconocidos y que le otorgó el tratamiento de estrella en Estados Unidos y Asia. Y en cola parece situarse el supermodelo Sean O’Pry, quien poco instruido parece a la hora de rentabilizar su marca, pero que sí ha logrado posicionarse como uno de los modelos más ricos con una facturación certificada por la revista Forbes en un millón y medio de dólares al año. En cualquier caso, es obvio entender que la industria gira su cabeza al sector masculino, y aunque el título de este reportaje pueda sugerir que quizás no han logrado sus objetivos si los comparamos con los de sus compañeras de profesión (dicen que David Gandy y Gisele Bündchen no se dirigen la palabra desde que discutieron acaloradamente por esta cuestión monetaria), sí es cierto que el filón que ante ellos abren las redes sociales como plataformas de venta y difusión comercial acabarán convirtiéndolos en auténticos agentes de negocios de su propia marca, marca que se escribirá con su nombre y su primer apellido. O quizás, en el futuro, únicamente con su apellido.

El top model Sean O'pry

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