Sin categorizar

Dos divertimentos de Sabas Martín. Por Eduardo García Rojas

“El mar era su sitio favorito. Ella les indicaba los mejores sitios de la playa, donde el agua se amansaba y no había lajas que les arañaran los pies. Y les llevaba donde anidaban los cangrejos y donde se escondían las estrellas de mar y donde los pulpos y los erizos se enrocaban. Y les enseñaba a flotar boca arriba, quedándose muy quietos mirando al cielo entre el vaivén blando de las olas.”

(La isla anterior, Sabas Martín. Ediciones Idea, 2015)

“- La Iglesia es una institución, con todo un peso simbólico acumulado a lo largo de los siglos. Ciertos temas hay que llevarlos con discreción y cautela para no mermar la fe de los creyentes. No digo que se oculte ni que se perdone, sino que debe ser la propia jerarquía eclesiástica la que se ocupe de ellos y los resuelva como mejor convenga a su misión en la tierra. Por supuesto que las manzanas podridas hay que echarlas fuera del cesto, pero sin dar pábulo a que se menoscabe su autoridad ni su prestigio. No olvidemos lo que significa la Iglesia y todo el bien que ha hecho a lo largo de la Historia. No hay que dar argumentos a los que quieren desacreditarla…”

(Absurdos mueren los ángeles, Sabas Martín. Ediciones Idea, 2015)

Sabas Martín explica que la publicación de las novelas La isla anterior y Absurdos mueren los ángeles son ejercicios de divertimento, literatura que quiere rendir tributo a la de kiosco. Todo surgió, dice, a raíz de una apuesta con unos amigos (¿la sombra de la villa Diodati es alargada?) para comprobar si era capaz de escribir en el plazo de unos seis meses una novela de “género”. Y Sabas Martín, que además es periodista, poeta y ensayista, recogió el testigo y ahora presenta estos dos libros.

¿Funciona el experimento?

Como novela más fantástica que de ciencia ficción, La isla anterior propone un relato cuanto menos curioso. La acción se desarrolla en un tiempo anterior al que registra la primera Historia de Canarias y en la que confluyen guanches y alienígenas en una sociedad gobernada por mujeres.

No deja de resultar desconcertante la lectura de La isla anterior por las posibilidades que Sabas Martín explota en el relato. El mundo imaginado que propone a ratos es bastante fascinante aunque no termina de cuajar como debiera por al acento solemne que sobrevuela toda la historia. Una historia muy pegada a Canarias aunque podría ubicarse en otras islas que no pertenecieran a este archipiélago tan castigado por las manos de los dioses.

Se mueve, y con comodidad, Sabas Martín por esa geografía en la que quizá algunos encuentren ecos de su Nacaria, territorio mítico que monopoliza prácticamente toda la producción narrativa de su autor, aunque en esta ocasión escora el relato hacia una fantasía primigenia y a ratos juega con la novela de aventuras que más centrada en sus planteamientos y ambiciones hubiera trascendido su carácter de divertimento.

Con Absurdos mueren los ángeles pasa, sin embargo, lo contrario ya que resulta complejo ubicarla. En principio pretende ser una novela policial aunque lo policial ocupa un puesto secundario en un relato escrito a modo de diálogo. El diálogo que cruza una monja, que Sabas Martín define como un cruce entre Rouco Varela y Sherlock Holmes, y su hermano, un secretario judicial.

En las conversaciones que mantienen se cuela algún caso sin resolver de los juzgados que le cuenta su hermano y que la monja, Sor Emérita, resuelve. Se tratan más que de juegos de ingenio de anécdotas criminales porque lo que prima por encima del misterio son las posiciones antagónicas que define a los personajes cuando hablan de política y religión.

Una monja con dotes detectivesca ya aparecía en la obra de teatro Melocotón en almíbar de Miguel Mihura, deliciosa farsa sobre una penosa banda de atracadores a la que desarticula con punzantes preguntas su protagonista, sor María. En la novela de Sabas Martín, su monja, más que preguntar sirve de contrapunto moral e ideológico a su hermano, por lo que se generan situaciones tan absurdas y diálogos bizantinos que hacen sonreír al lector.

Estas dos novelas, entendidas como cuerpos extraños dentro de la producción literaria del escritor destacan por su frescura pese a que pensemos que, ya instalado, Sabas Martín debía de haber puesto más carne en el asador. Capacidad y talento no le falta.

Es probable, en todo caso, que haya pesado más la indiferencia que siente el autor hacia estos géneros, lo que justificaría que los dos divertimentos se muevan –más el segundo que el primero– torpemente por los territorios que tantea: la fantasía, más que la ciencia ficción, y la novela policíaca.

Sería erróneo, en este sentido, invitar a curiosos lectores a descubrir cómo se las gasta Sabas Martín en estas geografías genéricas porque solo sirven de marco a estos relatos. Lo fantástico y lo negro y criminal queda así reflejado más como pasatiempo. Una lectura agradable que en el caso de Absurdos mueren los ángeles demandaba mayor consistencia y furiosa crítica social a la oscura realidad que caracteriza estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Invitamos por eso a su autor a que continúe explotando pero en otra clave –y eso sí, sin renunciar al humor– un personaje tan llamativo como Sor Emérita, una monja que podría protagonizar una serie de novelas cuyas aventuras transcurrieran en Tenerife y, si se nos permite, en las demás islas que componen el archipiélago canario.

A su manera, y así se lo hice notar a Sabas Martín cuando me anunció que pronto se publicarían estas dos obras, sor Emérita podría ser la versión femenina y en clave canaria del peculiar y sagaz padre Brown.

Saludos, a leer que son dos días, desde este lado del ordenador.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario