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Ataraxia ante las elecciones. Por José Enrique Centén Martín

En las elecciones debemos de tener cuidado a que nos confundan, hay que discriminar perfectamente lo que ofrecen los partidos políticos para no caer en la distorsión de la realidad, desde 1978 nos han ofrecido la imagen de la joven o vieja de la Gestalt, la belleza frente la decrepitud, así actúan los partidos políticos, juegan con el proceso cognitivo que nos trasmiten sus presuntos logros o promesas electorales, pero lo hacen con el subterfugio del mito de Procusto, el acomodar siempre la realidad a sus intereses o a su particular visión de las cosas, cortando o estirando con una única pretensión, gobernar sin salirse de los conceptos generales del entorno político o del mercado, capaces de olvidar parte o muchas de las necesidades de la ciudadanía, como el bien común o el bienestar social.

Estamos a las puertas de cambiar en estas elecciones autonómicas y locales, previas al asalto final de las generales del otoño, llevamos ocho años de deterioro económico que afecta a la población asalariada, mientras que el gran capital, la banca y los ricos han incrementado su fortuna en una progresión geométrica proporcionalmente al alza y mayor al descenso de los trabajadores. Los partidos mayoritarios han perdido credibilidad por su nefasto tratamiento de la crisis mundial, uno por no afrontarla y otro por aplicar medidas que solo beneficia a los descritos anteriormente, banca, ricos, inversores o grandes empresas, y ambos con gran corruptela entre sus políticos, e incluso los mantienen en las listas electorales. Mientras tanto el número de parados no desciende a pesar del autoexilio de muchos jóvenes y menos jóvenes, el retorno de migrantes, el mercado laboral inestable por los contratos basura que ha convertido a parados en asalariados pobres, casi esclavos, con la segunda mayor tasa de paro juvenil de Europa, con nuevos jóvenes no incluidos en el INEM como parados, y el gobierno pregonando una mejora del PIB, que puede ser real, pero son los resultados de las grandes empresas, banca y financieras, no del ciudadano en general.

Con los grandes partidos desprestigiados y otros hundidos, han aparecido dos nuevos, Ciudadanos y Podemos, es curioso ambos en plural, lo único común, al ser plurales distintos, con programas políticos en las antípodas, mientras uno edulcora el programa del partido gobernante y se nutre con parte de sus militantes o con otros de escasa honorabilidad democrática y política por diversas imputaciones. Partido que cuenta con el inestimable apoyo del Ibex35, como describe el poema – y como nunca al que manda/le falta algún adulón/uno que en esa ocasión/se encontraba allí presente/vino apretado los dientes/como perrito mamón1 -, el apoyo dado es en demanda de su futura política económica, ya apuntada en Sanidad y en lo Laboral, y no solo cuenta con la Bolsa, también con la mayoría de los medios de comunicación en manos de la Banca, será el consorte perfecto para que todo se mantenga igual. Mientras que al otro partido de pluralidad distinta, los medios y otros partidos se comportan como las suegras cuando van a casa de su hijo y ven una mota de polvo, lo consideran el gran defecto, cuando ellos tienen mugre en todos los rincones donde habitan, capaces de negar las mejoras que reflejan sus planteamiento electorales, reales por plurales, porque la acomodan a lo que demanda la ciudadanía en general, en contra de los intereses del capital español con sociedades en paraísos fiscales como Delaware, Caimán, Gibraltar…

No debemos prestar atención a la  Psicología de la Forma, actuemos con serenidad, analizando y razonando, para no caer en el error que dijo Blas Pascal (1623-1662) “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Ni tampoco al pesimismo de Martín Fierro cuando define a la persona común: -él nada gana en la paz/y es el primero en la guerra/no le perdonan si yerra/que no saben perdonar/porque el gaucho en esta tierra/solo sirve pa votar-.

Ataraxia y razonamiento frente al repique ensordecedor de campanas y falsedades.

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