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Siga el rastro del dinero. Por Juan García Luján

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Pasó sin pena ni gloria el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Desde 1993 los países que forman la UNESCO señalaron la fecha del 3 de mayo como la ocasión para fomentar cada año la liberta de prensa en el mundo porque, según proclamaron con la inutilidad solemne tan propia de todos los organismos de la ONU, reconocer “una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática”.

¿Y qué pasó el 3 de mayo? Pues los periodistas canarios no hemos celebrado nada. La Unión de Profesionales dela Comunicación de Canarias y Federación de Sindicatos de Periodistas difundieron un comunicado donde relacionaban el 1 de mayo, Día de los Trabajadores con la celebración del Día Mundial de la Libertad de Prensa. Los sindicatos de periodistas sostienen que la precariedad repercute negativamente en el derecho a la información y en la libertad de expresión. Un periodista en situación de precariedad laboral se presta más a resignarse ante la manipulación y, lo que es más grave todavía, a la autocensura. No es necesario decir que hay cientos de periodistas presos en el mundo y que muchos son asesinados, eso es lo más grave.

Los dueños de los medios suelen confundir libertad de empresa con libertad de prensa. Y no es lo mismo. Un ejemplo lo tenemos en la concesión de canales de TDT. Esas “mesas técnicas” que montaron los diferentes gobiernos autónomos siempre repartieron según el color político de los que estaban en esos ejecutivos. En Canarias el Mencey Paulino aprobó un reparto de licencias de radio que provocó la insólita salida de los consejeros del PSOE del consejo de Gobierno, un gesto que todavía no sabemos si estaba cargado de cinismo o sobrado de cobardía.

Tras más de dos décadas de oficio puedo decir que he trabajado con bastante libertad, aunque también me he tragado algunos sapos, tanto en medios públicos como en privados. En Canarias la crisis económica no solo ha dejado en la calle a buenos periodistas, también ha influido negativamente en la libertad de prensa. Las instituciones públicas han utilizado sus presupuestos de propaganda para acallar las críticas. Una estrategia que no solo practican los malvados políticos. Hay empresarios tan grandes que pueden tener miles de trabajadores, incumplir convenios y despedir a comités de empresas pero para localizar su sombra tendrá usted que leer alguna novela ambientada en estas islas.

En Estados Unidos algunos periodistas no tienen que dedicarse a la novela para contar ciertas cosas. El reportero de The New York Times Eric Lipton ganó el último premio Pulitzer por un excelente reportaje sobre el papel de los lobbies en Estados Unidos. En el artículo cuenta cómo algunas grandes empresas lograron frenar algunas denuncias gracias al tráfico de influencias que ejercían en reuniones en un lujoso hotel de California. Asociaciones de fiscales o exfiscales montaban esos encuentros patrocinados por las grandes empresas. Las victorias que no lograban en los juzgados se lograban en esos cócteles donde se compraban servicios de asesoramiento. No han cambiado muchos las cosas desde el caso Watergate que en 1972 acabó con la presidencia de Nixon en Estados Unidos. Como le dijo su fuente (“garganta profunda”) a uno de los periodistas que descubrió el escándalo: “Mr. Woodward: siga usted el rastro del dinero”. ¿Dónde acaba la libertad de prensa? Pues eso, siga usted el rastro del dinero.

@juanglujan

http://www.somosnadie.com

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