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El chapapote canario se llama piche. Por Ramón Alemán

El otro día hablaban en una emisora de radio canaria del tremendo problema medioambiental que se nos echa encima con el naufragio del pesquero ruso Oleg Naydenov, que amenaza con provocar una marea negra en las islas. En medio del programa alguien habló del peligro de que el chapapote llegara a las costas del archipiélago y poco después un oyente aclaró que en Canarias no tenemos que usar la palabra ‘chapapote’, pues para eso está el sustantivo ‘piche’, que es el que venimos empleando desde hace muchísimo tiempo para referirnos al alquitrán y al asfalto. Ese oyente, está de más decirlo, tenía toda la razón.

Si hay algo que hasta no hace mucho caracterizaba al habla canaria es ese complejo de inferioridad que acompañaba a sus practicantes y que, por ejemplo, llevó a uno de ellos a ordenar que se escribiera «Terminal de autobuses» en la fachada de un edificio al que llegaban y del que salían casi todas las guaguas de Tenerife. Para quien no lo sepa, ‘guagua’ es la palabra que usamos en Canarias para hablar de ese vehículo al que en otras partes denominan ‘autobús’; pero como los canarios somos modestos y apocados (eso dicen), a algún mandamás nada orgulloso de su idiosincrasia no se le ocurrió otra cosa que emplear un término que los isleños no usamos. Afortunadamente, la gente siguió llamando ‘guaguas’ a las guaguas y años después aquella terminal de autobuses fue rebautizada como «Estación de guaguas».

Algo similar ocurre con las palabras ‘chapapote’ y ‘piche’: es un hecho que la primera de esas voces adquirió popularidad en España tras el hundimiento del petrolero Prestige en las costas de Galicia y, aunque Mariano Rajoy –en aquel entonces ministro y actualmente presidente del Gobierno de la nación– describió el chapapote que salía del barco como «unos hilillos de plastilina» (su afán por deformar la realidad a su antojo no es nada nuevo), todos los españoles aprendimos en aquellos días que esa sonora palabra era la que usaban los gallegos para referirse a las ingentes cantidades de petróleo que estaban llegando al litoral. Hay que decir que, aunque el sustantivo ‘chapapote’ es un galleguismo, en realidad proviene de América: según el diccionario de la Real Academia Española, es una voz náhuatl o caribe. O sea, es un término que usaban los amerindios muchísimo antes de que se hundiera el Prestige.

Al afirmar que ‘chapapote’ es un galleguismo no quiero decir que sea una voz del idioma gallego –aunque lo más probable es que también se use en esa lengua–, sino que pertenece al acervo de aquellos gallegos que hablan el español a su manera, de la misma manera que los canarios lo hacemos a la nuestra. Según el diccionario de la RAE y el Diccionario de uso del español (Gredos), de María Moliner, esta palabra la emplean gallegos y cántabros para referirse al alquitrán, y el Diccionario del español actual (Aguilar), de Manuel Seco, dice que se trata de una voz regional –de las regiones de Galicia y Cantabria, se sobrentiende– que se usa para hablar tanto del asfalto como del alquitrán.

Y precisamente para esas dos sustancias –asfalto y alquitrán– tenemos los canarios desde hace mucho tiempo una palabra que todo hijo de vecino entiende a la primera en cuanto otro canario la pronuncia: ‘piche’. ¿Sabemos hoy los canarios qué es el chapapote? Sí. ¿Usamos el vocablo ‘chapapote’ habitualmente? No. ¿Lo habíamos escuchado antes de la catástrofe del Prestige? La inmensa mayoría de nosotros no. Cuando éramos pequeños y había pequeñas manchas negras en la playa –algo relativamente frecuente en aquella época–, nuestras madres nos decían: «No se metan por ahí, que se manchan con el piche» y todos las entendíamos sin necesidad de galleguismos.

Hay que decir que, de la misma manera que ‘chapapote’ es un galleguismo pese a que la palabra la inventaron unos indios americanos, la voz ‘piche’ es un canarismo aunque provenga del inglés ‘pitch’, que significa ‘brea’ y ‘alquitrán’. Según el estupendo Diccionario histórico del español de Canarias (Instituto de Estudios Canarios), de Cristóbal Corrales y Dolores Corbella, este término ya se usaba en nuestras islas en el siglo XIX. De él se dice lo siguiente en la citada obra: «Pensamos que es más probable que se haya tomado directamente del inglés, por las fechas que conocemos de la aparición de la voz en canario, aunque no hay que descartar en absoluto que el portugués […] haya tenido algo que ver en su integración en el léxico de las islas». También figura en ese diccionario el verbo ‘empichar’ con el significado de ‘revestir de asfalto’. Efectivamente, los canarios no solemos decir que hay que asfaltar una calle, sino que hay que empicharla.

Venga de donde venga, lo inventara quien lo inventara y lo trajera a Canarias quien lo trajera, el sustantivo ‘piche’ es tal vez uno de los canarismos más genuinos y, si bien no podemos estar nada contentos con la amenaza del pesquero Oleg Naydenov, sí debemos sentirnos tan orgullosos del habla canaria como los madrileños lo están de la suya. No olvidemos que el canario es, en palabras del lingüista andaluz Luis Carlos Díaz Salgado, «el más común de los dialectos españoles», o sea, el que comparte –dentro del territorio español– más elementos de las diversas variedades de nuestro idioma, tanto americanas como españolas. Por lo tanto, vivan el dialecto canario y su léxico, incluida una palabra tan negra, pastosa e indeseada en estos días como ‘piche’.

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