FIRMAS Salvador García

Exigencias desmesuradas. Por Salvador García Llanos

Otra Ley en España que provoca rechazo y genera paros. Es la Ley de regularización laboral de entidades sin ánimo de lucro. La norma obliga a que los clubes de los entrenadores o delegados de equipos de categorías inferiores lleven registros contables de lo que perciben. Es decir, esas colaboraciones de cien o doscientos euros para gastos de gasolina y otros conceptos también hay que declararlos. Miren por donde, el fraude fiscal también se aliviará por esa vía. ¡Qué cosas! Y esas listas periódicas de desempleo o de Encuesta de Población Activa que menguarán nada menos que en vísperas electorales. Ni mandado a encargar.

Si el fútbol-base ya estaba costando a los padres -hay que pagar para entrenar y para disputar competiciones y hay que poner los coches para facilitar el desplazamiento de los chicos-, imaginemos ahora a los dirigentes federativos y de equipos. Con razón se plantaron en Asturias, donde han hecho huelga que será seguida por las dos federaciones territoriales canarias. Es probable que otras entidades federativas peninsulares secunden. El asunto se agrava, por cierto, con la supresión del 1% del ingreso de las quinielas que recibía la Real Federación Española de Fútbol.

A la espera de saber qué hacen otras disciplinas deportivas, en el fútbol territorial, por lo menos, se paralizan las competiciones, desde la categoría benjamines a Juvenil Preferente. “La muerte del fútbol base”, definió públicamente un dirigente federativo al anunciar la huelga y lanzar un canto desesperado a ver si no se aplica la Ley. Difícil va a ser: estamos en un Estado de derecho. Eso no impide, desde luego, que se discrepe y que se proteste. El deporte, además, es un amplificador potente y el Gobierno -¿habrá medido las consecuencias de la iniciativa?- puede acusar los efectos. Que el fútbol-base pare -en principio, una jornada; ya veremos luego- es muy impopular.

Los dirigentes de los equipos de las categorías inferiores hacen todo lo que pueden por amor al deporte. Se sacrifican. ¡Y de qué manera! Apenas tienen tiempo para reunir a los chavales y hasta para lavar sus equipajes, tarea en la que también colaboran familiares. Todos, desde luego, no podrán llevar contabilidades ni diligenciar los trámites burocráticos ni estudiar las modalidades de contratos ni el alta de terceros.

Y todo, para maquillar unos registros. Y dice el presidente del Gobierno que la crisis ya es historia…

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