FIRMAS Salvador García

Disculpas. Por Salvador García Llanos

Ana Oramas, diputada de Coalición Canaria (CC), se disculpa en la SER -antes lo hizo en RTVE-, a cuenta de su infortunada expresión dirigida a la juez que dictó resoluciones en la controversia del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, un pleito entre vecinos y Ayuntamiento a cuenta del ruido y las molestias. Oramas llamó «goda» a su señoría, manifestación absolutamente inadecuada y menos viniendo de una diputada en la tribuna de las Cortes. Por mucho que la juez ignore las características de la fiesta carnavalera -maldita gracia le habrá hecho cuando en el reparto le llegó la demanda vecinal- y por mucho que se quiera diferenciar, en el turno de disculpas, entre «goda» y peninsular, el vocablo es rechazable desde todos los puntos de vista.

Ha hecho bien Ana Oramas en reconsiderar. Los políticos no suelen hacerlo, o les cuesta hacerlo o matizan lo justo como para no quedarse muy abajo, de modo que sus disculpas la honran. Como tiene buena prensa -la prueba es que apenas hubo reprobación periodística insular tras lo ocurrido- será un episodio en la hoja de servicios con un impacto minimizado.
En cualquier caso, sirva para insistir por enésima vez en la necesidad de que los representantes de la soberanía popular deben cuidar las formas dialécticas. No se debate si hablan mejor o peor, no se discuten capacidades oratorias, sino que los barbarismos y las barbaridades deben ser las justas -y nunca en ciertos sitios- proviniendo de aquéllos. Suena muy mal y se queda muy mal cuando se emplean ciertas expresiones como sucedió en el caso de Oramas quien, atenta al quite, y consciente de la dimensión que su palabra inadecuada adquirió en pocas horas, se apresuró a disculparse, haciéndolo, además, con elegancía y cortesía.
Era lo que podía esperarse. Seguro que hará todo lo posible para no repetir.

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