FIRMAS Salvador García

Fin de la cuesta. Por Salvador García Llanos

La cuesta, la empinada cuesta de enero, llega a su final. Quienes han sobrellevado el trance, o sea, quienes han llegado hasta aquí, tienen mucho mérito porque la fiebre consumista se disparó, en tanto la bonanza registró incrementos de porcentajes en el comercio minorista. Cuentan que la alegría se ha instalado de nuevo entre los consumidores y que la palabra crisis ya suena menos.

De hecho, es un tópico, pero tiene su significado la cuesta. Se sigue gastando con poco realismo. El ahorro vuelve a ser asignatura que puede esperar. Después de Navidad y Reyes, se supone que ‘desplumados’, llegar a la tercera semana de enero -y no digamos la cuarta- es todo un triunfo. Los cajeros automáticos de los bancos se contraen después de haber vomitado dinero durante unas cuantas fechas.

La cuesta es real. Lo que supone subirla, tras los gastos sin demasiados miramientos, tras regalos, comidas, excesos, celebraciones y demás, es ejercicio para ordenados, metódicos y austeros. Y cuando se ve en los almanaques esos treinta y esa hoja de febrero que quiere aparecer, hay un inevitable ‘menos mal’, hay una respiración que desahoga sin reservas. La cuesta de enero ya es historia.

Y como ya suena a Carnaval y la gente se distrae y lo de Grecia queda lejos, pues se rescata el ‘a vivir que son dos días’. Ya llegará el tiempo de volver a lamentarse… Total.

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