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La sanidad que nos merecemos. Por Antonio Alarcó

“El Gobierno de Canarias considera inevitable el colapso de las Urgencias”, así lo anunciaba el portavoz del Ejecutivo, Martín Marrero, quién defendía además esta situación asegurando que se han ampliado camas y se ha contratado a más personal para reforzar el servicio. Unas declaraciones que parecen más una justificación a la gestión y que dejan claro que ellos no pueden hacer nada más.

En cambio, la diputada nacional de Coalición Canaria, Ana Oramas, si tiene en mente una alternativa singular, por llamarlo de alguna manera, que pasa por instalar hospitales de campaña para derivar allí a los pacientes con determinadas patologías, pues según afirmó con el paso de los años la situación se ha vuelto insostenible y se hace necesario implementar medidas de urgencias. Algo que nos parece a priori sorprendente cuando la sanidad está transferida a la Comunidad Autónoma.

Titulares como estos ensombrecen nuestra sanidad porque se intenta confundir y se mezcla la gestión sanitaria con el servicio que ofrecen los magníficos profesionales con los que contamos en Canarias, enviando así a la sociedad un mensaje de desconfianza que nada tiene que ver con la realidad. Recuerden que el prestigio es como una palmera, tarda años en crecer, pero su fruto cae a plomo en segundos. Las Urgencias son la tarjeta de visita del sistema sanitario público. ¿Entonces qué está pasando?

Más aún, cuando también hemos conocido en estos días que España y su sanidad han batido el record del mundo en trasplantes de órganos, superando a países que podrían parecer mucho más avanzados técnicamente, gracias a la generosidad de los ciudadanos, la calidad de los profesionales y a un sistema nacional modélico y perfectamente coordinado permanente. Todo eso solo es posible con un sistema público sanitario de primer orden, por muchos problemas de gestión que pueda tener.

De hecho, no nos cansaremos de repetirlo. El problema de las urgencias arranca de la muy cuestionable gestión de los recursos con los que contamos, competencia exclusiva del Ejecutivo regional, especialmente cuando hay instalaciones sin concluir como los hospitales del Norte y del Sur. Nosotros abogamos por no planificar inauguraciones en falso y por la transparencia absoluta. Por explicar a los ciudadanos, por ejemplo, que un Centro de Atención Hospitalaria (CAE) no es un Hospital.

Además, el Gobierno de Canarias tiene que priorizar en el ejercicio de sus funciones y competencias. Máxime cuando la propia consejera de Sanidad, Brígida Mendoza, admitió hace unos meses en una comisión parlamentaria que el Plan de Urgencias de Canarias, elaborado y aprobado por el Parlamento en el año 2007, no se ha puesto en marcha por falta de fondos.

¿Falta de fondos o falta de voluntad política? ¿Eso lo dice el mismo Ejecutivo que sostiene un aparato burocrático y que ha sido capaz de desviar seis millones de Dependencia para refinanciar el Instituto Canario de la Vivienda? ¿Cuál es la prioridad, la televisión canaria, el comisionado del Autogobierno y la policía autonómica, o estos asuntos de calado entre la población?

Por estas razones, es nuestra obligación recomendar al Gobierno que retome el Plan de Urgencias de Canarias, que coordina de forma protocolizada, compartiendo responsabilidades, todos los recursos públicos, privados y concertados, tanto sanitarios como sociosanitarios, que tenemos a nuestro alcance, y además es de coste cero.

Este plan sigue pendiente, pese a haber quedado muy avanzado cuando tuvimos responsabilidades de gobierno, con Mercedes Roldós como consejera de Sanidad. Hoy volvemos a ofrecer nuestra colaboración, como ya hicimos durante el pasado año, para culminar un trabajo esencial, con conocimiento de causa, pues en el Partido Popular contamos con grandes profesionales sanitarios, que trabajan y ofrecen sus conocimientos para buscar soluciones en este sentido. Y seguiremos haciéndolo.

Siempre nos han oído decir que para que las Urgencias funcionen tienen que hacerlo primero en la normalidad, previendo los picos de salud que se presentan cada año periódicamente. Nosotros no hacemos política con la sanidad, pero sí política sanitaria. Y les aseguramos que gestionar la inercia nunca ha sido la solución a ningún problema. Aunque algunos en CC crean que si.

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