FIRMAS Marisol Ayala

Qué locura, consejera. Por Marisol Ayala

Familiares de enfermos mentales de Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura llevan semanas denunciando el trato indigno que reciben de la Consejería de Sanidad del Gobierno canario que dirige la más desacreditada consejera del Ejecutivo, Brígida Mendoza. Cada día elevan el tono de sus quejas y cada día nos asombra más conocer el desprecio con el que son tratados esos pacientes. Desprecio y atropello porque desprecio y atropello son las condiciones en las que aguardan esos enfermos, débiles y vulnerables. Hasta cinco horas para acceder a urgencias hospitalarias. Hacinados en un semisótano hospitalario del SCS sin que los familiares reciban información alguna. La tardanza es tanta que acaban haciendo sus necesidades en esa especie de zulo de 4×4. Normal que huyan del hospital a sabiendas de lo que les espera.

Las familias denuncian que se les aísla en módulos colectivos, hasta ocho de distinto estado mental, sin trato individualizado, durante cuatro o cinco días cuando no deberían permanecer más de 24 horas antes de pasar a la UIB del hospital. Además critican que no se permita entrar a estar con ellos. “Cuando entré a ver a mi hija estaba en medio de otros enfermos, todos sedados. Un horror”.

Hace unos días la Asociación de enfermos (Afaes) denunció que los gestores de la sanidad canaria ya no se esconden para intimidarles de tal manera que Mendoza ha ordenado que los enfermos que acudan a las unidades psiquiátricas y pierdan la cita en tres ocasiones serán dados de alta. Perderán la hora y de nuevo a médico de cabecera y de ahí al psiquiatra. Con la particularidad de que ese proceso se alarga unos cuatro meses, tiempo en el cual el enfermo estará sin tratamientos. Parece que nadie se ha dado cuenta de que hablamos de personas esquizofrénicas, bipolares, con paranoia o con adicciones asociadas que deben recibir tratamiento con la precisión de un reloj suizo o de lo contrario las cabecitas se descontrolan. Más cosas. Dicen que a los enfermos mentales se les instala en las zonas más tétricas de los hospitales, como apestados y lamentan las muy deficientes condiciones de las urgencias psiquiátricas a las que acuden cuando sufren alguna crisis o un brote psicótico. Las familias hablan y no acaban sobre el maltrato que reciben sus seres queridos. Están desesperados por eso se atreven a alzar la voz. No les tranquiliza nada que Mendoza diga “estamos buscando una solución”. No se fían.

Paulino es un hacha para elegir incompetentes.

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