FIRMAS Salvador García

Tributo a la democracia municipal. Por Salvador García Llanos

Manuel Hermoso Rojas, quien fuera alcalde de Santa Cruz de Tenerife y presidente del Gobierno de Canarias, hizo la gran revelación de la noche: durante dos mandatos municipales, gozó de amplias mayorías “y pudimos hacer muchas cosas”; pero nada fue como en el mandato 1979-83, “cuando tuvimos que pactarlo todo y de cada pleno salíamos más respetables y mejor compenetrados”.

Lo dijo en el curso de la presentación del libro “Treinta y cinco años de democracia municipal”, de Pedro Lasso Purriños, editado por el Cabildo Insular de Tenerife, un acto modesto, con mucho sabor a nostalgia y válido para entender que la de entonces fue otra manera de entender la política, pese a que de democracia sabían realmente unos pocos y casi todo estaba por construir.

Lasso ha aglutinado y desmenuzado los datos derivados de aquella memorable cita con las urnas del 3 de abril de 1979. Siglas, cifras, resultados, porcentajes, logos, nombres y apellidos de alcaldes y concejales. Con las fotos de entonces. Es otra de sus aportaciones a la política canaria, muy poco dada, es verdad, a disponer de fuentes de consulta como la que constituye este libro que deja constancia de lo que ocurrió entonces, incluso de hechos llamativos como que los partidos de derecha, contrariamente a lo que se decía entonces, dispusieron de más mujeres candidatas y de más concejalas electas.

Las confesiones de Hermoso sonaron como un tributo al espíritu de consenso o de construcción pactada tan característico de aquellos años. En su primera alcaldía, sin experiencia política, hubo de granjearse los apoyos corporativos de los otros grupos políticos. No hubo mayoría para la UCD que representaba pero él y su formación política se entendieron con quienes hasta tenían otro modelo de ciudad. Hasta difuso quedó el papel de la oposición. Terminaban los plenos y un clima de distensión y cordialidad presidía los cortados posteriores y alguna visita concreta a barrios o sedes de asociaciones. Mucho respeto, mucha tolerancia y notable compenetración, independientemente de perfiles ideológicos que se iban trazando cada vez con más nitidez, a medida que avanzaba el mandato y en la política nacional se fraguaban acontecimientos históricos.

Aquel incipiente municipalismo fue una especie de escuela que, con los años, catapultaría a no pocos cargos públicos a un ejercicio pleno de la política. Pero las cosas no discurrieron igual con el paso de los años: llegaron las mayorías absolutas, las hegemonías, los todopoderosos, los seguidismos, las exclusiones, las imposiciones y las intolerancias.

De modo que ahora se recuerda aquella etapa, cargada de imperfecciones, desde luego, con gratitud y buen sabor. Allí, además de Hermoso, estaban Lorenzo Dorta, alcalde de Garachico y consejero cabildicio de entonces, y Ángel Delgado, edil socialista de Santa Cruz, para corroborarlo. Los asistentes siguieron con atención las explicaciones del autor y de los sujetos activos de entonces, a los que Carlos Alonso, presidente del Cabildo tinerfeño, dio paso con entusiasmo ávido de conocer sus impresiones y los secretos de algunas decisiones de entonces, cuando él era un escolar al que la política igual le quedaba un poco lejos.

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