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El Bar de Pepe. Protagonista: La Radio. Por Joaquín Hernández

En Canarias3puntocero, José Antonio Pardellas, premio Ondas y de la Comunicación del Gobierno de Canarias y un profesional de la radio como pocos, en un artículo, dentro de su habitual sección “Días de Radio (y televisión) titulado “el guión” nos dice que después de haber pasado por todo los estamentos de la radio, desde locutor hasta ejecutivo de alto nivel de la radio pública española, lo que más echa de menos es el GUIÓN (lo escribe con mayúsculas) y sigue diciendo “ prácticamente, ha desaparecido; es más, ya no existe como categoría profesional en el medio, el entonces muy valorado guionista de radio”.

Estas declaraciones del maestro Pardellas, de las que estoy totalmente de acuerdo, tiene su razón de ser en dos razones fundamentales: La preparación en las facultades de Ciencias de la Información en la faceta periodística y la otra en los datos obtenidos in situ en internet y sus redes de información.

Si tenemos en cuenta que más del 80%  de los estudiantes, que acceden a la Universidad, declaran que no leen un libro desde hace años y que en su vida han leído más de dos o tres  y que en ningún caso han llegado a terminar su lectura,  si a esto le unimos que más del 75% de los estudiantes universitarios tienen faltas ortográficas dignas de un analfabeto que pastorea ovejas en Cuernavaca del Rey, el coctel lo tenemos preparado para echar mano de internet, wikipedia, google y compañía.

La radio baja su calidad porque los profesionales que acceden a los medios son mediocres y demuestran la escasa preparación que reciben en su educación. Si es cierto que el periodismo es la única profesión que no pone puertas en su campo, también es verdad que para ponerse delante de una “alcachofa” se necesita un mínimo de educación y cultura, cuestiones que parecen brillan por su ausencia en la actualidad mediática.

Quizás porque los mejores profesionales que he conocido en prensa, radio y televisión han sido los que han empezado llevando el café a sus colegas y recorriendo pasillos con papeles de un lado para otro, quizás porque Radio Nacional de España por aquellos tiempos era una verdadera facultad de periodismo radiofónico, con profesionales con una entrega increíble que no dudaban en dar todo su saber a  aquellos que hacían sus prácticas en la radio de todos.  De acuerdo estoy con él cuando  se refiere a las tertulias y a los tertulianos, Pardellas sabe mejor que nadie que la emisoras de radio y tv están mediatizadas, sometidas a la pasta gansa de las instituciones públicas, de los partidos políticos, de la iglesia y de la publicidad. Dependerá de los intereses de cada emisora, su signo y su color.

Desde el moderador hasta el técnico parecen pensar lo mismo sobre el tema a debatir, las mismas opiniones, las mismas risas e incluso las mismas soluciones sobre el problema, en definitiva; un encefalograma plano radiofónico que acaba por matar a la audiencia de aburrimiento.

El cazurro de turno se sienta ante la alcachofa, léase micrófono, empieza a impartir sus mediocres opiniones sobre cualquier tema, lo mismo le da que sea de política, economía, deportes,  etcétera y además con tanta rotundidad en sus manifestaciones que hasta él mismo se lo cree, en definitiva; la tertulia se convierte en tal martingala invertida que insulta la inteligencia del menos avispado oyente.

No solamente ha desaparecido el guionista y con él buena parte de información objetiva, además se echa en falta la agilidad en tratar los temas, la repetición una y otra vez de lo mismo que se ha debatido dos minutos antes. La radio pública en todo el Estado, especialmente en Canarias, gozó de estupendos guionistas, buenos redactores, técnicos y locutores, “claro que nos pagaba el ente público, y así es más fácil” dirán algunos, pero se equivocan porque la exigencia que cada profesional  ponía en el empeño de su trabajo era consecuencia de la gran audiencia que tenía Radio Nacional de España.

Hoy en día la Casa de la Radio no es ni por asomo lo que fue, la falta de profesionales formados en la escuela del día a día al lado de verdaderos magos de la radio, que hacían magia diariamente, que preparaban durante horas lo más simple, desde la sintonía hasta el contenido del guión pasando por las pautas musicales  ha hecho que se convierta en una de las emisoras con menos “clientes” del espectro radiofónico nacional.

Los guionistas han sido suplidos por una “tablet” conectada a Internet, mal ejemplo para los nuevos periodistas que sin utilizar su imaginación acabarán robotizando la radio y ahí se terminará lo mejor: la magia de la radio.

 

 

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