FIRMAS

Clima para prohibir. Por Francisco Moreno

Millones de mulsumanes de a pie, tan buenas personas y honrados como cualquiera de nosotros, que no han matado a nadie ni lo harán en toda su vida, están indignados por la falta de respeto que les están causando unos dibujos a los que no encuentran gracia alguna, y antes al contrario, les parecen insultantemente ofensivos. Muchos católicos practicantes se ponen en el pellejo de esos mulsumanes, y aunque condenen y consideren absolutamente injustificable la matanza cometida, se alinean en torno a esa idea de que todo debe tener un límite. En resumen, que lo gratuitamente ofensivo no debe estar permitido.

Prohibir es el camino más fácil, pero también más peligroso. Es el más corto y rápido para conseguir que en el futuro nadie se sienta ofendido por nada que otros puedan dibujar, escribir o decir. Pero también es probable que sus consecuencias nos alcancen a todos: los que hacían esos dibujos que a algunos les parecían ofensivos, y los que dibujaban otras cosas. Porque el día que eso ocurra, y todo sea políticamente correcto, el mundo será un lugar más sombrío aún que el actual.

Deberíamos elegir otro camino; el de la responsabilidad y el respeto, el mismo que nos llevó naturalmente a disminuir el número de chistes que contamos de cojos y tarados.

Esto no es un problema de libertades. Es un problema, en cualquier caso, de actitud personal. Porque no puede haber más línea roja que el honor y la protección de la intimidad. Todo lo demás es cosa nuestra, y no de límites que marquen los poderes. No se puede hacer una raya entre lo que se puede dibujar y lo que no puede dibujar, lo que se puede decir y lo que no se puede decir, de lo que se puede hacer bromas y de lo que no. Terminaríamos haciendo la peor de las listas: de qué se puede hablar y de qué no.

El día que nos pusiéramos a hacer normas de ese tipo, estaríamos perdiendo algo que Don Quijote describió mejor que nadie: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertadI así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

Pues eso, cuidado con prohibir, que el clima comienza a ser propicio a ello.

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