FIRMAS Salvador García

Banca indecente. Por Salvador García Llanos

Hay focos puestos sobre la actividad judicial en La Laguna. Si desde el punto de vista político y desde el propio funcionamiento del sistema es importante el que se aplica sobre el alcalde, Fernando Clavijo, no debe pasar inadvertido otro resuelto con una sentencia condenatoria a Bankia, que vendió varios productos de riesgo a una anciana invidente y sin estudios sin explicarle adecuadamente las características hasta acabar con sus ahorros de toda una vida.

La titular del Juzgado de Primera Instancia de La Laguna, Pilar Olmedo López, aprecia, en su resolución, vicios de consentimiento una vez comprobado que las transacciones fueron formalizadas sin prestar a la clienta la información adecuada para dar por válido este tipo de actos, según regula la normativa específica. La juez Olmedo declara la nulidad de los contratos suscritos y ordena la restitución de las prestaciones recíprocas, con expresa condena en costas a la parte demandada.
El caso es merecedor, desde luego, de una reflexión sobre la falta de escrúpulos, del capital o de la banca, que llega a extremos de comportarse con personas discapacitadas de la manera que ocurrió en La Laguna. Esa falta de humanismo no puede ser tan horrorosa. Las personas merecen un respeto y sus recursos, muchos o pocos, más todavía, sobre todo cuando los confías o depositas a una entidad bancaria.
De modo que la condena judicial tiene que ir acompañada de una reprobación en toda regla. Es una falta de ética, es una inmoralidad. Cabe preguntarse cuántos casos así más o de cuántos no nos hemos enterado, sencillamente, porque los afectados no tuvieron ni ánimo para pleitear después de haber sufrido este auténtico atraco a sus ahorros, con los que seguramente querría llegar a su vejez.
Mucho, desde luego, mucho tiene que hacer el sector, la banca, para recuperar credibilidad, para humanizar sus relaciones con tal de fidelizar su clientela o captarla. Que su lenguaje publicitario esté cargado durante los últimos tiempos de mensajes subliminales, muy en consonancia con los del poder político, se acepta como una estrategia más de expansión y de vanguardismo. Pero si hablan de cercanía, de proximidad o de confianza, que tengan la decencia de no engañar de mala forma como ha ocurrido con esa pobre ciudadana lagunera, a la que, menos mal, la justicia ha reparado.

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