FIRMAS Salvador García

Cautela frente al triunfalismo. Por Salvador García Llanos

Uno es de los que piensa que la estrategia de comunicación del Partido Popular no puede estar reducida a los simplismos del y tú más; donde las dan las toman; demos de la propia medicina; si allí argumentan blanco, digamos negro y hay que dar la vuelta a las cosas, pase lo que pase. Que no haya autocrítica, puede entenderse (¿Cuándo la hizo la derecha?). Que hay situaciones difíciles de justificar, también. Pero que todo se solvente con el espíritu de lo contrario y cuanto peor, mejor, parece poco propio de partido gubernamental.

Máxime cuando se trata de un problema de las dimensiones del desempleo. Hay tanta carga humana que cuesta aceptar que se instrumentalice sin reparar en gastos, confirmando que en política todo vale. Acaba de suceder con los recientes registros del paro y de cotizaciones a la Seguridad Social dados a conocer en vísperas de la Epifanía. Nos alegramos todos del descenso y del cambio de tendencia, de verdad. Hasta se pudiera aceptar alguna interpretación favorable. Pero de ahí a sacar pecho…
 
Lo hizo el Partido Popular reproduciendo una fotografía del entonces candidato Rajoy, posando en el exterior de una oficina del INEM con la leyenda «Con Rajoy bajará el paro». Está muy necesitado de verdades el PP y ésta es una de las que se apresura a proclamar. Porque le favorecen los datos, claro. Pero, ¿qué sucederá si se invierte la tendencia? ¿Y si vuelven las cifras negativas? ¿Se esconderán los ministros? ¿Tendrán que salir a la palestra los segundos espadas?
 
No es un problema de táctica manejada a conveniencia. Es una cuestión estructural que requiere de soluciones. Y con mucho de humanismo en sus entretelas, hasta el punto de que cualquier declaración sobre el particular puede herir sensibilidades. Luego, conviene administrar con cautela y realismo esos registros periódicos. Sobre todo, cuando se profundiza en las circunstancias que caracterizan un crecimiento para que se contraste que no es positivo todo lo que reluce.
 
Y es que el triunfalismo, cuando son tantos los que siguen pendientes de encontrar un puesto de trabajo, duele una enormidad. Ya solo queda escuchar a algún empresario decir «y ahora, que rebajen los sueldos y misión cumplida».

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