FIRMAS Juan Velarde

Tienen más peligro ciertos políticos en Twitter que el loco que estampó su coche contra la sede del PP. Por Juan Velarde

La noticia del desequilibrado que alteró el pulso normal de una ciudad como Madrid el pasado 19 de diciembre de 2014 cuando estampó su vehículo contra la sede del PP y, a Dios gracias, no se llevó por delante a una señora de la limpieza, y la posterior reacción de determinados políticos de la izquierda más reaccionaria y recalcitrante que pulula por este país me hacen pensar que a veces no sé si es peor el caso de este zumbado que coge su automóvil para morir matando o quien encuentra el argumento para justificar al chalado y dejar implícito que al PP le está bien empleado todo ataque.

Dejando a un lado al PSOE, que ha tenido un comportamiento la mar de exquisito condenando la acción de ese individuo que, movido por la ruina o por las paranoias de su mente, no sólo intentó quitarse la vida, sino que además buscó hacer daño al primer inocente que pasara por ahí, formaciones como Podemos o Izquierda Unida, además con nombres y apellidos, Teresa Rodríguez y Gaspar Llamazares, han justificado lo injustificable. Dan por descontado que el PP merecía tal acción por la situación de desesperación por la que atraviesan ciertos ciudadanos.

Si diéramos por bueno ese falaz y mendaz argumento del señor Llamazares o de la señora Rodríguez, entonces, ¿cuántos coches habría que haber estrellado contra la sede de Ferraz en la legislatura de Zapatero? ¿10, 1.000, 10.000? Podemos e Izquierda Unida siguen sin entender que en este país hay unas reglas democráticas que prevén que, ante un descontento generalizado, los ciudadanos puedan cambiar el color del Gobierno. Aquí se ha pasado de tener una mayoría absoluta del PSOE a que sea el PP quien se lleve todo el control y luego vuelta al poder de los socialistas y así hasta llegar hasta nuestros días.

El problema es que los comunistas de toda la vida y los radicales de nuevo cuño han considerado que el tiempo que queda para acudir a las urnas es demasiado largo y prefieren tirar por el camino más corto, el de la algarada callejera y el de incendiar las redes sociales. Por eso, a veces no sé qué puede ser más peligroso, si un loco al volante o un político manejando su propia cuenta de Twitter.

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