Sin categorizar

El horror. Por Eduardo García Rojas

– ¿A quién dirigís el Kaddish? ¿Aún seguís creyendo? ¿En quién creéis? ¿A quién dais las gracias? ¿Le agradecéis al Señor del universo por la gracia de haber recibido a nuestros hermanos y hermanas, a nuestros padres y madres? ¿Realmente le estáis agradecidos? No y no. No hay ningún Dios. Si lo hubiese no podría haber permitido semejante desgracia, una injusticia tan grande, el exterminio de inocentes, niños pequeños recién nacidos, personas que sólo quieren trabajar y traer un poco de provecho al mundo. Y vosotros, testigos vivientes de una gran desgracia, ¿todavía agradecéis a quién dais gracias?

(Treblinka, Chil Rajchman. Traducción del yiddish por Jorge Salvetti. Seix Barral, 2014)

Chil Rajchman y su hermana fueron deportados en otoño de 1942 al campo de Treblinka, (Polonia), una fábrica de exterminio de la que Rajchman sobrevivió, y experiencia que fue anotando durante su estancia en el infierno aunque las guardó celosamente hasta su muerte en 2004, año en el que fueron publicadas por primera vez.

La edición que publica Seix Barral cuenta además con un epílogo de Vasili Grossman, periodista y probablemente uno de los grandes escritores rusos del siglo XX. Los apretados recuerdos de Rajchman y las palabras finales de Grossman hacen de Treblinka uno de los grandes libros de este año que ya tiene los días contados.

No resulta nada fácil leer Treblinka. Un volumen de apenas doscientas páginas en la que su autor –sin aportar reflexiones, sin plantearse interrogantes sobre lo vivido– describe con frío estilo periodístico su papel como engranaje en una de aquellas fábricas de la muerte.

Fábrica en la que trabaja rapando a las mujeres antes de ser ejecutadas o buscando dientes de oro entre los cadáveres. También transportando muertos a los que arroja a una fosa. Se busca la vida para sobrevivir y sortear a la muerte.

Y su relato es estremecedor. Sacude y revuelve conciencia porque te fuerza a ser testigo de unos hechos que haces que desconfíes un poco más de la especie. Mientras, el olor de los cadáveres, las palizas que los alemanes y ucranianos ejercen sobre los cautivos, muchos de ellos judíos, genera preguntas.

Demasiadas preguntas.

Una de ellas: ¿cómo fue posible?

Treblinka es un testimonio frío y feroz sobre los peor pero también lo mejor que puede dar de sí ese animal tan anormal que es el hombre. La lectura del libro te atrapa, tanto, que hace imposible que apartes los ojos de sus páginas paralizado por el horror.

Lo que hace grande Treblika es que está escrito con verdad. Una verdad en la que no hay rabia ni rencor sino una verdad que disuelve cualquier sospechosa duda.

Una verdad que narra con frases cortas y descripciones telegráficas que son los instrumentos que alimenta su fuerza demoledora como relato. Relato para dar a leer a quienes aún desconfían de lo que pasó y de lo que mucho me temo pasa.

Chil Rajchman fue uno de los pocos sobrevivientes del campo de exterminio de Treblinka, tras la rebelión en 1943 escribió estos recuerdos mientras se escondía como podía para evitar a la muerte.

Y el resultado fue un libro sobre el horror. El horror que provoca sentir miedo todos los días al estar sujeto a los caprichos de un sistema que organizan asesinos y el reto a desafiarlo cuando se concluye que no tienes nada que perder salvo la vida. Ese momento en que el miedo por ser tan real no es nada.

Treblinka es un libro sobre el desconcierto. Y debería ocupar un lugar privilegiado en esa gran literatura que generaron los supervivientes del holocausto. Pienso, es inevitable, en Primo Levi.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Rajchman se radicó en el Uruguay donde pudo comenzar una nueva etapa de su vida. Como ciudadano uruguayo formó una familia y fue un activo defensor de la justicia y el respeto a la diversidad.

En algún armario de su casa guardaba estas memorias: Treblinka.

Su testimono de las tinieblas.

El rutinario trabajo –el rutinario día a día– que pasó en una factoría dedicada a la muerte.

Saludos desde este lado del ordenador.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario