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CINE. «Jardín Barroco». Frágil

Elblogoferoz/Manuel Díaz Noda/Adivinaquienvienealcine.- Tras tres años de producción, ayer viernes 12 de diciembre se estrenaba en TEA Tenerife Espacio de las Artes “Jardín Barroco”, un experimento audiovisual realizado por Jairo López en torno a la performance poética ideada por el artista Roberto García de Mesa y que tuvo lugar en la Sala Conca de La Laguna en 2011. Este trabajo abarca todo el proceso de creación de la representación teatral a partir de las 11 horas de material audiovisual grabado, concretándose en una pieza de 62 minutos que se aleja de la estructura habitual del documental o de cualquier “making of” al uso, para apostar por una reflexión poética y visual acerca de la construcción artística.

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Ensayista además de artista (con varios trabajos, por ejemplo, dedicados a la obra del escritor canario perteneciente a la Generación del 27 Pedro García Cabrera), Roberto García de Mesa se define a sí mismo principalmente como poeta, aunque se trata de un artista integral que entrelaza en su obra la poesía, la música, la dramaturgia y el componente visual. Originariamente, “Jardín Barroco” nació como poemario (publicado en 2012 por Ediciones Idea dentro del libro “Los Cuerpos Remotos”), sin embargo, el artista sintió la necesidad de escenificar ese trabajo, construyendo una performance donde los poemas se mostraban al espectador colgados de las paredes y escritos con tinta china, al mismo tiempo que el autor recitaba varios de estos textos. Mientras se gestionaba todo esto, el director Jairo López acompañó a García de Mesa recogiendo con la cámara su particular itinerario creativo. Si bien en ocasiones hay breves espacios informativos, en los que el artista nos habla de su ideario poético, sobre la búsqueda de la belleza o la influencia del momento histórico y social en el proceso creativo (la crisis como gestora de cambios y movimientos), lo cierto es que el trabajo de López no busca en ningún momento ser explicativo, sino sumarse a esa atmósfera poética y recoger de manera audiovisual el espíritu de la obra. Es en ese proceso donde el espectador puede conectar de manera más íntima con el artista, quien se arriesga a exhibir ese momento más frágil, incompleto y delicado del arte, la gestación.
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Para ello el espacio de la Sala Conca resulta fundamental, convirtiéndose incluso en más protagonista que el propio Roberto García de Mesa. Al fin y al cabo, el artista pulula por la sala, entrando y saliendo de plano, pero ésta siempre está ahí, omnipresente, y poco a poco vemos cómo se va convirtiendo en objeto artístico. La cinta comienza con lo que parece un cuarto trastero, con objetos ahí apilados que dan una sensación de espacio baldío, de caos apocalíptico. A continuación pasamos a la sala vacía, con ecos de vida anterior y expectante para ser guarnecida de nuevo, y poco a poco vemos al artista reflexionar en torno al espacio y sus posibilidades, habituarse a sus dimensiones y tomar contacto con él. Tras ese periodo de conocimiento íntimo entre poeta y espacio se inicia todo el proceso de construcción escenográfica.
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Jairo López evita que la cámara se convierta en un elemento intrusivo de la acción (aunque en un par de ocasiones él sí se convierte en partícipe de ella), optando sobre todo por planos generales amplios, estáticos, y tomas largas que recogen ese proceso creativo. Eso sí, buscando siempre una planificación expresiva que dé vida al escenario y recoja el carácter estético y poético de la habitación y cómo los diferentes objetos que poco a poco la van poblando van adquiriendo una personalidad y un valor formal. Con esta puesta en escena, el director busca dejar respirar al artista y su obra dentro de la imagen, no apresura el proceso con un montaje rápido, sino que permite que el tempo de la obra visual permita al espectador asimilar el proceso laborioso y reflexivo que conllevó la construcción de la escenificación poética de esta performance.
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Gran parte del documental se rodó por la tarde y por la noche, por lo que en la imagen hay también un juego de luces y oscuridad que acompaña a ese trabajo de tinta china que realiza García de Mesa. El espacio de creación adopta así un ambiente nebuloso, irreal, donde la acción parece haber traspasado la frontera de lo real para asentarse en lo imaginario. A esta sensación ayuda el apoyo musical. A lo largo del metraje, más que las palabras (escasas, voluntariamente ausentes), lo que acompaña al artista es la música que reproduce un pequeño equipo de música, una selección de temas que García de Mesa escucha mientras está imbuido en su mundo artístico y que para el espectador se convierte en el sonido de su alma. Se trata, por lo tanto, de un puente más que el artista tiende entre su imaginario íntimo y el espectador. Resultan así curiosas aquellas escenas en las que el sonido exterior entra en la acción como ecos de un mundo aparte, o aquellos momentos en los que, a través de la ventana, de manera efímera, vemos esa realidad exterior y esos dos universos parecen confluir momentáneamente.
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Como la propia personalidad artística de su protagonista, “Jardín Barroco” no es un trabajo fácil. Es una obra densa y compleja, más intelectual que emocional, aunque esto se compense por ese espíritu naíf  y apasionado del propio García de Mesa, esa ingenuidad que compartimos los que creemos y deseamos una realidad regida por la expresión artística más que por balances macroeconómicos.
“Jardín Barroco” se podrá ver aún hoy domingo en TEA Tenerife Espacio de las Artes en horario de 19.00 y 21.30h.

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