FIRMAS Salvador García

Desafíos y creatividad. Por Salvador García Llanos

¿Por dónde empezar?

Este argumento de Jorge Carrión, extraído de su trabajo publicado en un sitio digital muy recomendable, jotdown.es, parece válido. Desmenuza diez razones por las que vale la pena estudiar periodismo (o reinventarlo, si ya no se tiene edad para volver a las aulas) y se detiene en que hay que “sentirse parte de una noble tradición”.

Y alude a los numerosos ejemplos que se encuentran en una obra considerada como “imprescindible historia del Nuevo Periodismo”, titulada La banda que escribía torcido, original de Marc Weingarten, de cómo el periodismo, como cualquier otra tradición intelectual, “se construye como una sucesión de artesanos que aprenden de otros artesanos, de maestros y discípulos, de referentes clásicos y de nuevos faros contemporáneos”.

Tras citar a reputados profesionales, poniendo  al lector en la disyuntiva de la elección, señala que “sobre todo, están los periodistas casi anónimos, nuestros primeros jefes, los primeros que editaron textos nuestros, los profesores de la facultad, el redactor del semanario de nuestro pueblo, el chico de segundo de bachillerato que dirigía la revista del instituto y que nos pidió una crónica o un cómic. Todos los autores de todos los textos que hemos leído a lo largo y ancho de nuestras vidas. Todo eso forma una maraña. Una tradición polimorfa de la que vale la pena sentirse parte. O simplemente una banda: la de quienes escribimos torcido. No somos gente especialmente recomendable pero nos gusta nuestro oficio y creemos en él”.

Una auténtica pasión

“¿Te unes al club?”, termina preguntándose Carrión, en una sugerente cuestión con la que intenta estimular el interés -se diría que la vocación misma- de quienes se sienten atraídos por el periodismo o por la comunicación. Ahora que tanto se insiste en la crisis de la profesión y del sector, creíamos que era interesante motivarles y arrancar esta experiencia con un enganche atrayente. Esa sucesión de artesanos, esa larga lista de maestros del oficio son -aunque cueste un poco entenderlo- la sólida base sobre la que ir prolongando la noble tradición y recrear de manera incesante una auténtica pasión que, si se vive y se desempeña bien, consecuentes con principios éticos, resulta difícilmente igualable.

Las apreciaciones de este escritor, crítico y profesor universitario parecen desafiar los registros de la realidad de nuestros días. Veamos:

Cierre de periódicos, desempleo, trabajo mal remunerado, inequidad de género y publicidad a la baja son algunos de los temas tratados por el “Informe Anual de la Profesión Periodística 2013” presentado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM).

La encuesta realizada para el Informe brinda varios datos sobre los principales problemas de la profesión periodística en España. Por ejemplo, el 49.6% de los encuestados consideró que el primer problema de los periodistas españoles en 2013 fue el aumento del desempleo y la precariedad laboral; en segundo lugar, con un 12.6%, la falta de independencia política o económica de los medios y un 12.2 % colocó en tercero la mala retribución del trabajo periodístico.

Así, en 2013 desaparecieron cerca de 4.500 puestos de trabajo en medios de comunicación en España y más de 11.000 desde 2008. Mientras, el número de nuevos licenciados de 2008 a 2012 es de 13.800, jóvenes que el mercado laboral no puede absorber, según el informe. Un 50% de los periodistas en busca de empleo cree «muy difícil» lograrlo en 2014 y un 25 no ve «ninguna posibilidad».

El oscuro panorama del mercado laboral ha propiciado el surgimiento de cerca de 300 nuevos proyectos, fruto del desempleo, de la falta de oportunidades y del descontento con los productos informativos actuales, explicó Luis Palacio, director del informe. Un 40% de estos prevén patrocinios, micromecenazgos o venta de aplicaciones y otros productos como forma de supervivencia. A causa también de la falta de contrataciones, el número de autónomos crece y se sitúa ya en el 15% entre periodistas y profesionales de la comunicación.

Hay otros datos representativos de la desigualdad en el ámbito periodístico español. En 2013 aumentó al 52.3% la presencia de mujeres que trabajan en empresas periodísticas. Sin embargo, el director del informe advirtió de que cuando se analiza el reparto de cargos por géneros el número de hombres que desempeñan tareas de director o de director de informativos duplica ampliamente al de mujeres.

Por otra parte, prevalece la desconfianza de la sociedad. El 56.4% confía «a medias» en la información que recibe y da una nota de 5.16 al trabajo de los medios. La calificación de la independencia es de cuatro (sobre diez). Además, solo 20% de los periodistas declara no haber sufrido jamás presiones para cambiar el contenido u orientación de un texto.

La publicidad también es un problema: entre 2008 y 2012 desapareció “casi la mitad de la inversión», a lo que hay que sumar los recortes realizados por las Administraciones Públicas en los presupuestos de comunicación institucional, que fue 62% más bajo en comparación con 2007.

Las historias, juguetes

Seguro que con estos datos, muchos responderán negativamente a aquella pregunta hecha hace unos minutos, ¿recuerdan?, “¿te unes al club?”. Pero veamos otro testimonio:

“Yo lo único que he querido hacer en mi vida –y lo único que he hecho más o menos bien– es contar historias (…) Para mí, las historias son como juguetes, y armarlas de una forma u otra es como un juego. Creo que si a un niño lo pusieran ante un grupo de juguetes con características distintas, empezaría jugando con todos, pero al final se quedaría con uno. Ese uno sería la expresión de sus aptitudes y su vocación. Si se dieran las condiciones para que el talento se desarrollara a lo largo de toda una vida, estaríamos descubriendo uno de los secretos de la felicidad y la longevidad”.

El Nobel de Literatura Gabriel García Márquez no pronunció estas palabras para referirse a la revolución de Internet. Sin embargo, como señala el profesor Guillermo Franco, editor de eltiempo.com, hoy adquieren plena vigencia en ella, porque dimensionan el tamaño del desafío, identifican los elementos de éxito (o fracaso) y, sobre todo, porque sintetizan la clave del oficio periodístico: contar historias.

Nuevas habilidades

Internet -escribe- ha estremecido los cimientos económicos de los medios tradicionales, pero además –en esencia– ha abierto a la sociedad, en general, y a los periodistas, en particular, nuevas posibilidades y formas de contar historias. De paso, ha roto el paradigma de la comunicación unidireccional de “nosotros hablamos, ustedes escuchan”. Pero esas nuevas formas de contenido requieren el desarrollo de nuevas habilidades. El descubrimiento obvio es que hay vida más allá del texto impreso y que la habilidad para producirlo no será suficiente para sobrevivir en el entorno digital.

De modo que estas apreciaciones de Guillermo Franco, coautor de las dos más importantes investigaciones sobre el periodismo digital en América latina, son mucho más alentadoras y estimulantes. Tanto para quienes ya ejercen de periodistas como para quienes aspiran a hacerlo y como para quienes llevan en su interior la vocación de las letras o de la escritura, si lo prefieren.

Hay que interpretarlas justo cuando la sociedad de la información nos sigue ofreciendo incesantes desafíos de creatividad y cuando la era digital brinda incontables oportunidades de llegar a los lugares más  recónditos, exaltando de paso la inmediatez. Todo es posible en la comunicación de nuestros días y eso se entiende también como una exigencia constante, principalmente para dar respuestas a una sociedad que tiene tanto a su alcance, y tan accesible, que digerir la inmensidad de productos informativos o de comunicación se le hace sumamente difícil.

Necesita sal de frutas, claro que sí, incluso para saber interactuar en las redes de ciudadanía o redes sociales, otra de las grandes opciones de nuestro tiempo, de ese universo digital que nos deshumaniza, según algunos autores, pero que también nos acerca y nos iguala, si bien propende a la vulgarización y desvirtúa la libertad de expresión o invade la privacidad, a la espera de una regulación legal que signifique, sencillamente, que no todo vale a la hora de manifestarse públicamente.

Sin autocrítica no hay madurez

Si quieren unirse al club, sepan que, tal como están las cosas, no se regala nada. Hay que ganarse el puesto y la titularidad se cotiza alta, supone un aprendizaje constante, un sacrificio ilimitado, un dominio de las herramientas, una permanente autocrítica y un ansia de perfeccionamiento o superación como difícilmente puedan imaginar.

Y es que hay gente que viene apretando, cada vez mejor preparada. Pero, sobre todo, gente o ciudadanía a la que hay que dirigirse con rigor y con solvencia, con un sentido de la responsabilidad que se ha acentuado porque la revolución tecnológica también comporta un impulso ético que es indispensable fortalecer si, en definitiva, queremos una sociedad participativa, madura y bien informada.

Piensen que esto no es fácil. No hay que dejarse deslumbrar ni arrastrar por fenómenos pasajeros. Quien crea que por aparecer en una pantalla o porque le dejen un espacio en un programa radiofónico o porque le publiquen un artículo de opinión ya está dando rienda suelta a sus aspiraciones, se equivoca. Eso está bien y hay que ganárselo, Pero hay que seguir y superarse. Hay que ser constantes y motivarse.

Recuerden las palabras de Guillermo Franco, después de la conceptuación de los juguetes de García Márquez: “Hay vida más allá del texto impreso y la habilidad para producirlo no será suficiente para sobrevivir en el entorno digital”.

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