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Personal, una novela de Lee Child. Por Eduardo García Rojas

“En aquel punto todavía éramos dos partes en una negociación, ambas comportándonos con educación, cautelosas y escépticas, cómo no, como cuando compras un coche de segunda mano, pero con una buena conducta. Nadie encierra a los clientes. Al menos cuando el partido acaba de empezar.”

(Personal, Lee Chile, RBA, 2014)

La serie que protagoniza Jack Reacher del escritor Lee Child cuenta hasta el momento con seis novelas traducidas al español, algo insólito si tenemos en cuenta que su personaje goza de una gran popularidad en los países de habla inglesa y que Tom Cruise lo interpretó en una película cuanto menos interesante en el cine policíaco del siglo XXI. Un cine y un género que pese a sus transformaciones, la mayoría de ellas relecturas actualizadas, poco o nada han aportado a su transformación, síntoma de que las claves del thriller apenas hayan evolucionado y que sus héroes continúen combinando músculo y cerebro como sus predecesores.

Resulta equivocado afirmar que las novelas Reacher son novelas policíacas en su vertiente negra ya que, a nuestro juicio, no transitan por este camino sino que, más bien al contrario, apuestan por una investigación criminal a la que su protagonista llega de manera casual o forzada, y que Child desmenuza sin demasiadas complicaciones probablemente porque su público no tiene tiempo para rompecabezas.

Jack Reacher ha ido creciendo de todas formas con sus novelas, se puede apreciar en esos seis libros, aunque particularmente me siga quedando con el primero que cayó en mis manos y que fue, curiosidad, capricho del azar, uno de los primeros que se tradujo del escritor en España, El enemigo, novela en la que se divisan algunas de las constantes que marcará la trayectoria de su personaje.

Lee Child pertenece a esa corriente de escritores de thriller criminal que ideológicamente son reaccionarios que no es lo mismo que decir conservadores. Lo deja claro en las historias que ha ido desarrollando sobre Reacher, un profundo individualista que vive al margen del sistema aunque que colabora con el sistema cuando éste requiere de sus servicios.

Este es el motor que alimenta Personal, por la que recibió el premio RBA de Novela Negra y cuya acción transcurre en los Estados Unidos de Norteamérica, Francia y Gran Bretaña, cuando Reacher es contratado por su gobierno para que detenga a un francotirador –o a varios francotiradores– que supuestamente planea un atentado en Londres aunque el objetivo puede ser otro.

Las novelas que Lee Child dedica a Jack Reacher se leen casi en piloto automático. El escritor conoce los ejes de un género cuya regla de oro es ir adelante sin complicarle demasiado la existencia al lector aunque sí a su personaje. Un personaje atractivo Reacher porque, pese a que aparentemente todo se le complica, al final termina por resolver el conflicto al contar con una destacada capacidad de reacción y respuesta ante los desafíos.

Se tratan por lo tanto Personal así como las otras cinco novelas traducidas de Child sobre Reacher de una sublimación masculina del héroe, una especie de versión actualizada de James Bond, solo que sin su glamoroso patriotismo.

Como todo thriller que se precie, Personal cuenta con una interesante galería de secundarios y está escrita con detallada y documentada información que hace creíble su nueva aventura aunque, lamentablemente, ésta carece de un oponente que esté a su misma altura.

A la postre, Reacher resulta demasiado perfecto y seguro de sí mismo. Un profesional que calcula el éxito de la operación que en Personal se convierte en algo personal, aunque esto no le hace delirar y mantiene la cabeza fría cuando es consciente que hay un francotirador apuntándole a la cabeza.

Como lectura de evasión, las novelas de Lee Child son tremendamente adictivas. Quizá sea porque su público es lo que espera. En este aspecto, buscar complejidad en sus novelas es cómo sacar agua en medio del desierto y quien se enfrenta a estas lecturas lo tiene claro. Y por eso funcionan y tienen éxito.

Personal no es de todas formas la mejor historia de Reacher que se ha publicado en España, pero eso apenas irrita al iniciado porque juega en casa. Es decir, que conoce donde se mete y por lo tanto no se sienta estafado. Solo una pega, la sensación que produce que han sido escritas pensando más en la versión cinematográfica que en otra cosa. No tengo otra manera de explicar cómo se ha vuelto de telegráfico su estilo, igual de telegráfico que el que actualmente cultiva James Ellroy, y en el que parece que no existe la coma pero sí el punto y seguido.

Pero ¿quién quiere coma cuando lo que se exige es movimiento?

Y movimiento es acción. Una acción trepidante y frenética que como en todo thriller del siglo XXI que se precie, alcanza su velocidad de crucero en los capítulos finales. Esos capítulos donde más que leer se devoran las páginas hasta terminarlas.

Una vez concluida ¿deja secuelas?

Ninguna.

Aunque se agradece el buen rato pasado pero no la espera a que traduzcan una nueva novela de Lee Child con Jack Reacher como protagonista.

Saludos, no olviden supermineralizarse, desde este lado del ordenador.

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