FIRMAS

El bar de Pepe. Galería de esperpentos: Fernando Clavijo. Por Joaquín Hernández

El Juez Pamparacuatro, es uno de esos jueces que uno, yo por lo menos, no debería admirar porque está cumpliendo con su deber, pero como resulta rarísimo que sus señorías cumplan con su verdadero cometido que no es otro que cumplir y hacer cumplir las leyes que cuando ocurre que se baten el cobre entre las marañas de las mafias de las familias políticas isleñas, no tienes más remedio que admirar la postura justiciera de Pamparacuatro.

Dicho esto sucede lo de siempre, pero esta vez con orquesta, bombo y platillos ya que el “imputado” está imputadísimo en eso de la elección para Presidente de la Comunidad Canaria, o sea se quita Paulino y aparece Fernandito, el niño bonito, el delfín de la señora Oramas, su sucesor en la Presidencia de la muy noble Ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Acusado de supuestos delitos de tráfico de influencias, prevaricación, falsedad de documentos oficiales y malversación de caudales públicos, el presunto y supuesto aspirante a la máxima autoridad de Canarias, a Presidente de “todos” los canarios,  Fernandito tiene el culito al aire y por muchos dodotis y crema anti escoceduras que le pongan me parece que las diarreas seguirán provocando rojeces en su trasero.

Las  escuchas telefónicas efectuadas por la policía demuestran el talante de Rey del Mambo lagunero y de la más asquerosa política bananera con la que actúan estos políticos de pacotilla, el pueblo les vota confiados en una buena gestión tanto social como administrativa y se encuentra con supuestos delincuentes, más propios del estilo de capo de la camorra siciliana que de un Alcalde de una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Pena nos produce el hecho de no poder contar con los dedos de una mano los políticos honestos y honrados que tenemos en las islas. El propio Juez Pamparacuatro descubrió una trama de corrupción de familias políticas en Lanzarote, donde aburrido y denostado acabó quitándose hasta el polvo de los zapatos cuando abandono la isla. Los conejeros, gente de Lanzarote, particularmente entre los que conocen de la causa judicial de la mayor operación anticorrupción en la isla, y una de las más importantes en todo el Archipiélago, el caso Unión, sabían muy bien que a su señoría le quedaban dos telediarios en su juzgado de instrucción. Desde que se supo de su existencia, en mayo de 2009, comenzaron las presiones terribles sobre el juez instructor, César Romero Pamparacuatro, que sufrió incomprensión, vejaciones, amenazas y algún atisbo de violencia derivado del poder que tienen en la isla muchos de los que aparecen imputados.

Sus superiores jerárquicos le denegaron sistemáticamente el refuerzo que pedía para su juzgado, y hasta se tropezó con la increíble falta de destreza de un “secretario judicial, que no folió adecuadamente los tomos de la causa para impedir, por ejemplo, que desaparecieran literalmente autos de entrada y registro que terminaron desembocando en la nulidad de algunas de esas actuaciones por parte de la Audiencia Provincial. Todo un despropósito presuntamente amañado y pagado por la mafia isleña.

Rabia nos produce el hecho de haber votado, dejar que con nuestro voto personajes como Fernandito se suban a la poltrona. Estén presuntos imputados o no lo estén las escuchas de las conversaciones telefónicas son, como mínimo, dignas de un padrino al estilo siciliano. El privilegio de ser amigo de  politicuchos del tres al cuarto da mucho de sí, el tráfico de influencias y la prevaricación son prácticas habituales entre la gentuza a la que  nos tienen acostumbrados.

Y vergüenza de sentirnos representados ante el mundo por ladrones de cuello y guante blanco, de palabrerío demagógico y pueril, de gente sin apenas formación y que de la política han hecho una forma de vivir a expensas del bolsillo del contribuyente, del ciudadano que apenas puede sobrevivir con el salario del miedo que percibe.

La Justicia tiene que actuar con inmediatez, con una rapidez a la velocidad de la luz para que en corto plazo se dilucide la imputación de Fernandito y su cuadrilla, se sentencie y si la sentencia es absolutoria no cambiaré ni una solo punto y coma de este articulo, la mujer del Cesar no sólo tiene que ser honesta, además tiene que parecerlo, pero si es condenatoria pediré se ejecute con la misma rapidez y que el talego empiece a llenarse de “gente distinguida”, no solamente de parias.

 

 

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