FIRMAS Salvador García

Inquietudes estudiantiles. Por Salvador García Llanos

Hay que estar cada vez más pendientes de los foros donde se debaten los problemas del periodismo, del presente y del futuro, de la profesión misma.  No es la cantidad y la pluralidad de los puntos de vista que se contrastan lo que interesa sino las perspectivas que contribuyen a trazar un panorama de indudable interés tanto para los profesionales en activo como para los docentes y para quienes cursen estudios con intenciones de incorporarse al mercado laboral.

Uno de esos foros es el Laboratorio de Periodismo de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), de cuya decimosexta edición, dedicada a los estudios de periodismo, se dio cuenta en la última entrega de este boletín. Algunas conclusiones son reveladoras. Por ejemplo, Fernando González Urbaneja habló del problema de la masificación y de la necesidad de ser más críticos para que la carrera sea más difícil, “de mucho prestigio”, hasta el punto de que su titulación debiera acreditar fehacientemente que el estudiante sirve para la profesión que pretende ejercer.

Los estudiantes hablan de desánimo. Acaso vean demasiado sombrío el horizonte, entre asignaturas plúmbeas, masificación, escasez de prácticas e inestabilidades académicas varias, pero principalmente por la precariedad laboral que sigue in crescendo.  Nos consta el esfuerzo de algunos alumnos que se esmeran, por su cuenta, para ampliar conocimientos y tratar de llevar al terreno más próximo o al que les han contado, el caudal teórico y experimental que van adquiriendo, superando limitaciones de recursos tecnológicos o exprimiendo las opciones de acercarse al mundo real, queriendo innovar o hacer algo más allá de la cotidianeidad política. Tendrán que perseverar, forjar alguna continuidad y ser autocríticos con los resultados. Y no únicamente con los de trabajos de fin de curso o de  carrera, siempre con un cierto sabor a liquidación.

Por eso, no es de extrañar que en este foro de Madrid hayan reivindicado planes de estudio más cercanos al ejercicio de la profesión. Quieren que se les enseñe a gestionar la información. Y aspiran a que sus profesores tengan una mayor experiencia profesional. La voz del estudiantado empieza a ser primordial para interpretar adecuadamente el periodismo de hoy y de mañana. Cuando tantas sombras se ciernen, cuando tanto desconcierto predomina, cuando se intenta superar el escepticismo -y se agradecen, en ese sentido, las aportaciones de quienes aún ven luces encendidas en el porvenir-, esa voz tiene que ser dinámica, crítica y con iniciativa. La voz que no calle las inquietudes estudiantiles. Para mejores prestaciones profesionales, para cualificar la propia actividad y para dar un salto que esté a la altura de las exigencias del siglo XXI.

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