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La ‘victoria’ Beckham. Por Armando Pinedo

Para quienes siempre pensaron que sencillamente era tonta, la mujer más famosa de Inglaterra se convierte en líder de los emprendedores británicos.

Cuando abandonó el mítico grupo Spice Girls bajo el paragua de múltiples apodos humillantes y variados, Victoria Beckham ya había creado una de las marcas más potentes y fructíferas de la historia, la de su propio marido, el futbolista David Beckham. Ya con ese logro, muchos directivos decidieron seguir su trayectoria de madre y mujer de negocios de la propia marca Beckham a la espera de que su momento llegara de alguna forma. Y lo hizo. En 1999 la ex cantante creó su línea de ropa y presentó su primera colección durante la Semana de la Moda de Nueva York con un aplauso unánime de prensa y compradores, éxito que también acompañó con una campaña online que la propia diseñadora puso en marcha con cabeza de hierro y visión de futuro. Los resultados hoy se traducen en una facturación que supera los 30 millones de libras en 2014 frente al millón que recolectó con su primera colección, es decir, que la creadora ha conseguido un crecimiento de un 2900% en cinco años. Una hazaña que la sitúa, según la revista especializada Management Today, como la mujer empresaria más importante de todo el Reino Unido en una lista elaborada por la publicación y publicada hoy en Inglaterra, donde se reconoce su valía y perspicacia para los negocios.

Pero si rebobino en el tiempo, recuerdo la primera vez que me encontré con ella. Fue en Venecia para la presentación de una colección de perfumes bajo la marca David Beckham y Victoria Beckham, ambos lanzados por el Grupo Coty. La entrevista estuvo presidida por documentos que firmé con varias cláusulas a cual más absurda para que luego se incumplieran todas. Sin embargo, la idea de que aquella mujer extremadamente delgada, poco relajada y no especialmente guapa fuera tonta estaba construida sobre un argumento tan absurdo como su forma de cruzar las piernas al lado contrario del que inclinaba su cabeza antes de responder a cada planteamiento que le hacía. Victoria Beckham es una de las mujeres más brillantes que he conocido, inteligente como pocas, seductora como casi ninguna y divertida como muchas. Es y será la mejor directora de marketing que cualquier empresa con un mínimo de capacidad para valorarla y con millones de dólares para pagarle pudiera contratar. Su marido a su lado es una hermosa marioneta que solo gesticulaba cuando ella le daba permiso, pero que asumía la complicidad con la mujer que le creó para convertirle en un jugador del montón, pero en un referente de estilo imperecedero.  Hoy me alegra este reconocimiento porque creo que está más que justificado, porque aquí la lista siempre fue ella y porque su trabajo como diseñadora de moda, además, es muy bueno. Ella lo tenía claro cuando le pregunté si estaría preparada para cuando el teléfono dejara de sonar. “Completamente. Me recuerdo cada día que eso puede suceder en cualquier momento”, me respondió. No parece que por el momento vaya a suceder.

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