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Pedro Sánchez: el soldadito de plomo. Por Juan Velarde

El Zapatero 2.0 del PSOE, Pedro Sánchez, la ha vuelto a liar con una de sus últimas ocurrencias de salón, superando incluso en ingenio surrealista al falso leonés. Dice el guapete de Ferraz que el mantenimiento de un Ministerio como el de Defensa es cuestionable para los tiempos que vivimos y sugiere que el departamento pase a ser una minucia dentro del sistema gubernamental español. Vamos, que si desapareciera, estaría muy feliz de la vida.

Eso sí, la chorrada no la ha cantado a capela con ese cantautor insumiso y falsario oenegista llamado Javier Álvarez, un artista que a ritmo de uno, dos, tres, cuatro llamaba a la insumisión de los jóvenes españoles. Pero vamos, que puesto que el señor Sánchez pide la erradicación del Ministerio de Defensa es posible que se fije en este cantante para que se encargue de la cartera del Ministerio de Indefensión Happy Flower Peace and Love.

El señor Sánchez, desde luego, se ha coronado como un político de ideas sobre la marcha sin calibrar en realidad cuál puede ser el coste de las mismas para su partido. Todos podemos partir de la base de que si el Mundo fuera civilizado, no haría falta estar invirtiendo millones en formación y en cacharros para asegurar la defensa de nuestro país. Pero, lamentablemente, la vida real es muy diferente a la que recrea el idealista del Estudiantes y aquí, en cuanto dejases de vigilar las Canarias, Ceuta o Melilla, vendrían los marroquíes y se apoderarían de esos territorios.

Desde luego, bien haría Pedro Sánchez, en caso de que estas ideas sean de encargo, en ver a quién pone como colaboradores o asesores, pero también tendría que analizar a fondo qué tipo de mensajes compra o selecciona a la hora de lanzar sus proclamas en mítines o en los platós de televisión. Mucho me temo que el líder socialista está bastante perdido y es capaz de intervenir a partes iguales en un debate serio de laSexta y, en la tarde, quedar abducido por el cortijo del Jorge Javier Vázquez de turno o de la Belén Esteban de saldo y esquina. Así, no sólo no se ganan votantes, sino que se hace el más absoluto de los ridículos. Aplicado a su deporte baloncesto, sus ocurrencias son como cometer pasos, dobles y falta intencionada en la misma jugada.

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