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¿Qué hacer con el edificio masónico de la calle San Lucas, en Santa Cruz de Tenerife? Por Eduardo García Rojas

A principios del siglo XX y desde que abrió sus puertas en la calle San Lucas de Santa Cruz de Tenerife para los iniciados, el edificio para unos y el templo para otros masónico ha terminado por convertirse en una de las señas de identidad de esta capital de provincias, la misma que derrotó a la escuadra de Horacio Nelson y la misma en la que Francisco Franco inició su cruzada contra los destinos de las Españas.

Tanta es esta seña de identidad que, tras el triunfo de los rebeldes en la Guerra Civil española, a ninguna autoridad militar se le ocurrió demolerlo sino usarlo para otros menesteres que no tuvieran relación con los hijos de la viuda.

Es verdad que los militares franquistas transformaron parte de su espacio pero no la estructura original del edificio, y es verdad que modificaron el salón de tenidas o reuniones, borrando su rojo y negro original, y dedicaron la cámara de reflexiones para muy tristes tareas, pero su fachada incluso entonces pertenecía a una ciudad que pudo ser fabulosa.

Los militares respetaron aquel extravagante frente y a las cuatro esfinges que custodian la puerta, columnas acanaladas falsas y en el frontis, un ojo que todo lo observa.

La manía de llamar a Dios como el Gran Arquitecto del Universo.

El paso de los años y el descuido y progresivo abandono al que fue sometido el edificio pareció que iba a condenarlo a su demolición. De hecho, la misma calle –una de las más recoletas de la capital– no tiene nada que ver con la que conocí aunque el edificio de los masones, que así lo reconozco, linda apenas con el cuartelillo de la Cruz Roja y a dos o tres pasos más del templo católico de El Pilar.

Y mira que ha llovido desde entonces.

Casi nadie, salvo los que tuvieron algún abuelo o familiar hijo de la viuda, recuerda cómo algunos resultaron duramente  reprimidos por ser masones. No por otra cosa en aquel nefasto verano de 1936… ¿Qué hacían esos tipos ahí dentro?, preguntaba hace poco un amigo mientras contemplaba la fachada del edificio, una obra arquitectónica que pese a los cambios políticos y sociales que han sacudido la ciudad se mantuvo firme.

Tras ser abandonado por los militares y con la complicidad del paso de los años y que los masones españoles, discretos pero no secretos, nunca se han preocupado por enseñar lo que son, el edificio de la calle San Lucas comenzó a agonizar lentamente en soledad, aunque los vecinos de la capital y algún visitante despistado girara y aún gire la cabeza cuando se encuentra con las esfinges y arriba, el dichoso ojo que todo lo observa.

No sé si habrá sido cosa de ese mismo ojo o que el año que viene se celebran elecciones, pero el edificio de los masones suena otra vez en los medios de comunicación  porque el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife presenta en rueda de prensa una página web con la intención, explica el concejal de Economía y consejero delegado de la Sociedad de Desarrollo, Florentino Guzmán Plasencia, recaude fondospara su rehabilitación.

El edificio de los masones fue catalogado como Bien de Interés Cultural desde 2007, y siete años después, el ojo que todo lo observa  continúa agonizando en soledad.

Florentino Pérez estima que para sacar de la UVI al edificio es necesario recaudar cuatro millones de euros, de los que es su voluntad que el Ayuntamiento aporte medio y el resto “asociaciones masónicas y los ciudadanos” a través de la página web o a través de la compra de productos como piedras talladas, camisetas y carteles.

¿¿¿???

La rehabilitación del edificio de los masones ha terminado por convertirse en algo así como en el cuento de la lechera en esta capital en la que vivo. La noticia no deja de faltar año va y año viene mientras pasean ciudadanos y visitantes por la calle de San Lucas, autor del Evangelio que lleva su nombre.

Bien entendida, la página web puede ser como la primera piedra que se pone para evitar el abandono definitivo del edificio y evitar las disensiones que en su momento produjo recuperar el Templo. Recuerdo el año pasado, cuando se firmaron varios convenios de colaboración entre el Ayuntamiento con dos instituciones masónicas: el Supremo Consejo del Grado 33 y la Gran Logia de España.

Con todo, bienvenido sea este anuncio porque me niego a pensar que se trata de una pérfida y venenosa serpiente de verano.

Quiero pensarlo así.

Sobre todo cuando leo que Florentino Guzmán Plasencia anuncia para septiembre una exposición, Masonería y sociedad, en la que promete se traerán fondos de la Logia Añaza y el Templo/Edificio masónico incautados tras la Guerra Civil y cedidos por el Archivo de Memoria Histórica de Salamanca. Guzmán Plasencia asegura incluso que “algunos de los fondos se van a quedar en la ciudad.”

Aunque no dice cual.

Espero, con la mano en el corazón, volver a ver en esa exposición el Estandarte de la Logia de Añaza, el mismo que regresó 74 años después a Tenerife para exhibirse unos días en la exposición que acompañó al encuentro Masonería y culturas que tuvo lugar en el antiguo Convento de Santo Domingo en La Laguna en la primavera de 2010.

Masonería y culturas y Masonería y sociedad.

¿Son claves masónicas?

La clave masónica está en acceder al edificio y no quedarse solo en la fachada.

En este sentido, Guzmán Pérez anuncia que, además de la exposición y un ciclo de conferencias (1), habrá visitas guiadas a su interior para profanos.

Una invitación a que entre usted en el edificio masónico, más allá de quedarse embobado en la calle San Lucas mientras contempla la fachada y en concreto ese ojo que todo lo observa.

El portal, aún en español, se traducirá al inglés comenta Florentino Guzmán porque espera que los hijos de la viuda anglosajones “y la masonería internacional “aporten financiación”.

Para respaldar la propuesta, el concejal estuvo acompañado del profesor Alberto Darias Príncipe y el arquitecto José Miguel Márquez Zárate, quien advirtió que el edificio aún “conserva su esencia”.

Pregunta:

¿Qué edad tiene?

La esencia, claro.

(1) En el ciclo de conferencias intervendrán: Jesús Soriano Carrillo, doctor en Ciencias y Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo del Grado 33 y último Rito Antiguo y Aceptado para España, con la charla Aspecto simbólico de la construcción de catedrales; Óscar de Alfonso Ortega, licenciado en Derecho y Gran Maestro de la Gran Logia de España, con Masonería en España: presente y futuro; Jerónimo Saavedra, quien hablará sobre la Masonería en Canarias; Tomás Taveira, arquitecto y catedrático de la Universidad Técnica de Lisboa, que disertará sobre La Lisboa pombalina y la masonería y el arquitecto que dirigió los trabajos de rehabilitación tanto en la Catedral como en la sede del Parlamento de Canarias,José Miguel Márquez Zárate, con Un ejemplo en Canarias de arquitectura masónica urbana y residencial.

(*) La imagen que ilustra este post esta tomada de Lo que las piedras cuentan.

Saludos, ¡se ha dicho!, desde este lado del ordenador.

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