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Arte salvaje, una biografía de Jim Thompson. Por Eduardo García Rojas

Esta misma semana y en un artículo dedicado al cincuenta aniversario de la publicación en los Estados Unidos de Norteamérica de 1280 almas de Jim Thompson, mencionábamos la biografía que el escritor y periodista Robert Polito escribió sobre su autor bajo el título de Arte salvaje. Avisábamos entonces que apenas nos quedaban un puñado de páginas de la biografía, más se seiscientas trufadas de fotografías personales del escritor, y tarea que finalizamos esta misma mañana con gran dolor de nuestra parte.

¿Dolor?, sí, esa es la palabra exacta, dolor porque Arte salvaje es un retrato muy aproximado no solo a la vida sino también a la obra de este francotirador que quemó sus pulmones consumiendo cajetillas de Pall Mall y envenenando la sangre con litros de alcohol mientras se sentía el hombre más miserable del universo.

Arte salvaje despeja muchas de las dudas que rodean a Thompson, y se agradece la edición española de este colosal trabajo que rastrea su existencia y valora su literatura porque revela los vasos comunicantes que hubo entre una y otra. Es un ejercicio biográfico a través del cual Polito rinde justicia a un genio incomprendido en su tiempo aunque siempre tuvo la certeza de que algún día, cuando ya estuviera muerto y enterrado, se recuperaría su literatura para colocarla en el lugar que se merece.

No hace falta decir a los lectores iniciados que las más de veinte novelas que escribió Jim Thompson son en la actualidad títulos de culto. La mayoría de ellas, sobre todo las que publicó en la editorial Lion, especializadas en sacar adelante trabajos destinados a lectores con manos sucias y en la que Thompson compartió catálogo con otros célebres hombres de letras norteamericanas como David Goodis, un escritor que en vida militó también en la nómina de los despreciados.

La biografía de Polito reconstruye la vida difícil y compleja de Thompson, un autor maldito, mestizo –por sus venas corría sangre Cherokee–, tremendamente marcado por una inestable vida familiar que definió una adolescencia y juventud en la que se dedicó a vagabundear y descender a los infiernos de las más extrema pobreza.

Trabajador en pozos de petróleo, vagabundo, periodista y escritor, y hombre con fuertes convicciones de izquierda cuyo ideario trató de filtrar en algunos de sus más celebrados títulos, la gran pregunta que plantea esta absorbente biografía es cómo un tipo generoso y amable fue capaz de escribir las terribles novelas que conforma el conjunto de su obra.

Polito se mantiene al margen y deja que sean otros los que proporcionen ciertas pistas sobre esta cuestión. La mayoría coincide en que trató de exorcizar sus demonios particulares en historias protagonizadas por personajes con dobleces que aparentan ser lo que no son. Psicópatas que esconden su verdadera identidad mientras van dejando tras de sí un reguero de cadáveres.

Arte salvaje es un libro destinado a los incondicionales de Thompson, pero también podría caer en manos de aquellos lectores que continúan mirando de reojo no ya solo su obra sino el género en el que se le ubicó: la novela negra y criminal.

Resulta muy interesante, en este sentido, la reconstrucción que hace Polito de en qué consistió el proceso de creación de Thompson pero también sus tanteos, frustrados, con el cine.

Como sabrán algunos, Jim Thompson estuvo detrás de los guiones de dos de las mejores películas del cineasta Stanley Kubrick (Atraco perfecto y Senderos de gloria) aunque su relación con el director de Barry Lyndon fue de todo menos bonita. Orson Welles también acarició la posibilidad de llevar a la pantalla grande Una mujer endemoniada, pero se quedó en otro proyecto frustrado del cineasta que nos mostró la otra cara del Ciudadano Kane. La adaptación que Waletr Hill hizo de La huida (Sam Peckinpah, 1972) no tiene nada que ver con la novela, una reflexión sobre el purgatorio en la tierra, entre otras.

La vida de Jim Thompson fue una carrera contra reloj y condenada al fracaso. No le trató bien su tránsito por este valle de lágrimas, lo que explica, sugiere Polito, que el desencanto se transformara en virulento furor en sus novelas. La literatura de Thompson se convierte así como en la otra cara del escritor. El saco donde arrojar sus más amargas frustraciones. Un medio a través del cual volcar sus inquietudes y sus miedos. La rabia profunda que sentía por vivir.

Arte salvaje resulta un libro demoledor porque Jim Thompson fue un tipo característicamente autodestructivo. Parece que todo le salió mal para sacar adelante a los suyos. La falta de dinero y trabajos humillantes y alimenticios minaron poco a poco la salud de ese gigante que ahogaba sus penas en alcohol y fumando cigarrillo tras cigarrillo.

Termino de leer Arte salvaje con un sabor amargo en la boca, pero también con el entusiasmo de volver a leer los libros que a lo largo de mi existencia he ido recopilando de Jim Thompson Un escritor que hoy está perfectamente instalado en el paseo de la fama de aquellos cuya literatura es eterna.

Son muchas las sensaciones que en este momento recorren mi cabeza y mi corazón para hacer justicia, con discreta distancia, de lo que me enseñó su obra. Pero sí tengo claro que cuando caía en mis manos algún nuevo libro del autor, editado en su día en español por Bruguera, Júcar, Ediciones B, Plaza y Janés, me reencontraba con su universo.

Un universo con firma.

La firma de Jim Thompson, uno de los nuestros.

Saludos, transgresores, desde este lado del ordenador.

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