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CRÓNICAS DE UN ERASMUS. Roma. Por Antonio Herrero Álvarez

Después de más de 8 meses de Erasmus en Italia, al fin he podido realizar una escapada a Roma.

Para ir a la capital italiana desde Florencia el mejor medio de transporte, el más rápido y normalmente  bastante económico, es el tren. Existen diversas modalidades de ferrocarril, pero el más recomendable es el Freccia Rossa, similar a nuestro AVE, y que conecta la ciudad de los Médici con Roma en hora y media. La mayoría de ellos parten desde la estación de ‘Santa Maria Novella’ y llegan a ‘Roma Termini’, que dista unos 15 minutos a pie del centro de la capital.

Roma

En mi caso me desplacé solo, en el primer tren de la mañana y el billete de ida y vuelta me salió por unos 50 euros. Al llegar a la estación ya ves que se trata de una gran ciudad. Mi recomendación a la hora de buscar alojamiento y y si no se cuenta con un presupuesto muy alto, son los albergues, los hay muy baratos, por toda la ciudad y la mayoría de ellos  están relativamente limpios.

Al llegar al hostal me encontré con la sorpresa de que no había nadie atendiendo, por lo que decidí junto con otro chico que estaba esperando, dejar las mochilas e irnos a conocer la ciudad.

Superadas los primeros minutos de conversación, fuimos intimando y resultó que era arquitecto argentino con una beca en la Universidad de Salerno, así que nada mejor que conocer la monumentalidad de Roma con alguien que te la sepa explicar.

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Sobra decir que en cada simple calle, esquina, o plaza de Roma hay algo que ver. El centro de Roma está atravesado justo por la mitad por Via del Corso, que une la Piazza del Popolo y  el  Monumento a Vittorio Emanuelle II.

Lo primero para poder ‘patear’ Roma es contar con un calzado cómodo y adecuado, puesto que el centro es bastante grande. Otra de las cosas a tener en cuenta son las colas en los monumentos más visitados. En mi caso, la única que hice duró 25 minutos, algo muy inusual para poder entrar en el Vaticano, previo pago de 5 euros para subir a la cúpula. El estado más pequeño del mundo es simple y llanamente espectacular, al igual que sus jardines o el interior de la basílica.

Otro de los problemas de Roma, y de Florencia a menor escala, es la cantidad increíble, desmesurada de turistas que abarrotan sus calles. Como consecuencia de ellos,  y el hecho de que sea capital de estado provocan que la presencia policial  sea enormemente grande.

En los monumentos más representativos como el Coliseo, la Ciudad del Vaticano, el Panteón, o el Castillo de San Ángelo,  existe casi un “ejército” de guías turísticos que literalmente te asaltan para intentar venderte una excursión.  Como buen español también visite la Plaza de España, y sus famosas escaleras, repletas para variar de turistas.

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Comer en el centro de Roma está solo al alcance de los bolsillos más acaudalados, por lo que o bien como un panino, o te vas hacia las zonas menos turísticas.

Por la noche visité la parte del Trastevere, una zona de la ciudad donde los romanos, y cada vez más turistas, se reúnen para tomar unas cervezas o copas antes de ir a las discotecas. Al ser un viaje corto, de poco más de 36 horas, no pude ver todo, por lo que me veré obligado a volver.

Hasta pronto, Roma.

 

 

 

 

 

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