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El reino de los cielos, una novela de Silvia García. Por Eduardo García Rojas

“- Pues… no sé cómo aparece una estrella, porque hasta ahora sólo sabía que desaparecen. Lo cual ya es increíble. Pero si algo deja de existir, quiere decir que antes tuvo que empezar a existir. Y si se forma una estrella, me pregunto por qué existen todas las estrellas, y el espacio, y, como soy yo quien está mirando el espacio, de golpe me pregunto por qué soy yo, como las estrellas son estrellas. ¿Por qué existo? Pero también tú existes. Y esta casa. Y las cornejas. Y las islas que tenemos que buscar: también existen. Todo existe pero no sé por qué.”

(El reino de los cielos, Silvia García, Premio de Novela Benito Pérez Armas, 2012)

 

Pienso en Claus & Lucas, o las tres novelas de Agosta Kristof en un solo libro, cuando comienzo la lectura de El reino de los cielos, de Silvia García, título por el que obtuvo el premio Benito Pérez Armas 2012, al estar contada desde la perspectiva de un niño.

Pero donde hubo un análisis cruel, feroz y conmovedor sobre la inocencia, García trata de procurar una ingenua, y hábil para qué vamos a engañarnos, visión de las cosas que nada entre lo mágico y lo real.

Su novela cuenta la particular y peculiar rebelión que emprenden sus pequeños protagonistas contra el mundo de los adultos. Un mundo hostil y sin misterio que podría llevarlos a cometer un asesinato, ajenos las consecuencias morales que encierra ese posible crimen.

Novela escrita con una aparente, y solo aparente sencillez, El reino de los cielos tiene suficientes cargas de profundidad para despertar el interés del lector más despiadado. Es verdad que por muchas de esas cargas de profundidad se pasa de lado y a veces incluso de puntillas, inconsciente la escritora del material que tenía entre las manos; pero en otras sí que sabe sacarle jugo. Exprimir la sustancia suficiente para avanzar y dar vida a un cuento que resuelve como tenía que haberse resuelto aunque, a mi juicio, carezca de la emoción y el conflicto que auguraba en sus páginas anteriores.

Con todo, se trata de una novela singular dentro del panorama narrativo que en la actualidad se está escribiendo en Canarias. Un panorama que pese a las voces que lo atacan con virulencia y que me temo solo evidencia su franco desconocimiento, abre una nueva vía para investigar, y sobre todo narrar, historias con estas y otras claves.

Las reacciones son encontradas con El reino de los cielos. Tengo la sensación que no termina por ser la novela que tuvo que haber sido pero agradezco esa mirada de asombro y de sorpresa con la que la escritora da voz a su joven protagonista. Niño, niños que comienzan a dejar de serlo porque, ley inevitable de la vida, asumirán cuando crezcan eso que llaman responsabilidades.

Silvia García sabe transmitir emociones sin recurrir a retorcidos experimentos literarios, los que se camuflan bajo un tedioso lenguaje barroco. El estilo que emplea en El reino de los cielos es directo, de sujeto verbo y predicado. La voz en primera persona de un niño que va descubriendo su mundo al lector. Sin truco ni fuegos artificiales, y sí agradecida sencillez.

Las contradicciones y miedos de su protagonista desfilan por este libro sin desfallecer casi nunca en su aliento. Silvia García sabe mantener el tono pese a que a veces se le escape algo que te hace recordar que lo que se cuenta no lo dicta la voz de un niño sino la de un adulto, pero estos errores incluso se disculpan porque no son muchos.

Me pregunto que nos deparará narrativamente Silvia García si continúa explorando este territorio. Por donde dirigirá próximas novelas.

Leyendo El reino de los cielos se detecta que hay algo, aún en estado embrionario, pero algo que está latiendo y que, presumo, va más allá de la geografía poética que cultiva en la actualidad.

Saludos, suena la trompeta celestial de Chet Baker, desde este lado del ordenador.

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