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PERIODISMO RETROSPECTIVO. Canarias y Cuba. Por Miguel Leal Cruz

VII.- AVATARES EN LA ECONOMÍA ESTRELLA CUBANA

La producción azucarera cubana, como queda dicho, aumentará considerablemente durante el siglo XVIII y será la guerra de independencia de los Estados Unidos, que tuvo lugar tras la ocupación por breve tiempo de La Habana por los ingleses, la que demandará mayor producción de este producto que será incesante hasta mediados del siglo XX. Otro factor local que favorecerá a Cuba fue la sublevación e independencia del vecino pueblo haitiano que arruina su propia industria azucarera y Cuba terminará siendo la reina del azúcar, cuya denominación como economía estrella  mantendrá hasta tiempos relativamente recientes.

Sin embargo, este primordial sector económico cubano, sufrió algunos contratiempos tras las enormes inversiones llevadas a cabo por los propios terratenientes e industriales, unido a los propios estatales a raíz de la construcción del ferrocarril (antes que en España, Barcelona-Mataró), en 1837, hasta la localidad de Guines para, en otra etapa, rebasar Sagua La Grande-Cienfuegos. Es motivo de preocupación para Cuba cuando aparece en Europa una nueva industria azucarera derivada de la remolacha que pronto aprovecha las técnicas y nuevos progresos técnicos derivados de la máquina de vapor.

El temor a la competencia incita a los cubanos a mejorar su propia tecnología, llegará a introducir nuevos procedimientos, algunos copiados de la misma industria remolachera europea, como el empleo de carbón animal para decolorar el guarapo resultante tras la muela de caña, así como modernos filtros para clarificar el líquido resultante. Se aplicará la máquina de vapor a los molinos o centrales sustituyendo la tracción animal. El molino de rodillos verticales cede ante el sistema de rodillos horizontales, que muelen mejor y aumentan el rendimiento. La producción aumenta y la demanda de azúcar crece, especialmente en Estados Unidos y en Europa.

Según Le Riverend, citado, la economía esclavista se expande y va a tener un trasvase de mano de obra desde las salas de máquinas hasta los campos para el citado desbroce y limpieza de montes y así obtener nuevas tierras de cultivo. Esta carrera tras la mano de obra barata, en la que en condición un tanto ambigua por tratarse de un régimen de semi libertad, acudieron numerosos canarios: la esclavitud blanca que llaman Manuel de Paz Sánchez y Manuel Hernández González, en un libro con igual título editado al efecto. Esta demanda continua de macheteros asfixiará el propio crecimiento acelerado; por tanto, era urgente y necesario en aquellos momentos, no sólo un traslado de personal sino una formación adecuada de los mismos esclavos para hacer frente a la mecanización. Pero, el mantenimiento de la esclavitud, impidió esta reconversión necesaria, y la transformación industrial se detuvo hacia 1860 para dar paso a la terrible crisis que conlleva la guerra de los Diez Años como consecuencia, en parte, del mismo régimen esclavista abolido en Norteamérica tras el triunfo de los nordistas en la guerra de Secesión.

La industria azucarera cubana, fue parcialmente destruida durante esta guerra cubana y se debilitó por las mismas razones que habían permitido su auge: el sistema esclavista que España no supo o no quiso abolir en Cuba hasta finales de la década de 1880. En espera de la abolición, los propietarios más ricos modernizan los centrales y aumentan la producción. Se refunden las industrias en grandes complejos azucareros, en los que ya existe capital norteamericano, al tiempo que se reagrupan enormes extensiones de tierras con la sumatoria de aquellos que no superan la crisis y se asiste a la formación del latifundio azucarero.

Es entonces, en la década 1880-90, coincidente con la abolición de la esclavitud en la isla, cuando se incrementan notablemente las inversiones americanas, con objeto de abastecer sus propias industrias en suelo propio con la adquisición masiva de materia prima a través de azúcar cubano sin refinar. El siglo XIX, termina con esta realidad: el incremento de exportaciones de caña semielaborada hacia las modernas fábricas del este de los Estados Unidos, que para 1895 había invertido en suelo cubano más de 50 millones de dólares, según datos aportados por Julio Le Riverend, citado, el azúcar cubano quedará atado al dominio del rico vecino del norte, cuyas compañías frecuentemente compran a bajo precio la producción, e incluso grandes extensiones de suelo, a los criollos o españoles en quiebra por los devastadores efectos propiciados por los mambises durante la definitiva guerra de independencia (1895-1898). 

El dominio de la economía del dólar sobre el azúcar cubano va a empezar para continuar con dominio creciente tras la independencia de la isla en 1898 y durante la primera mitad del siglo XX, aspectos estos analizados en la citada ponencia, que fue expuesta en los Coloquios de Historia canario Americana (CHCA) en Casa de Colón. Gran Canaria.

 

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