FIRMAS

El Bar de Pepe. Descojone colectivo. Por Joaquín Hernández

La cuestión es que hemos pasado del cabreo continuo al descojone de  risa colectivo.

Los datos de la Encuesta de Población Activa, que según la opinión del Gobierno de Rajoy son esperanzadores y un cambio de “tendencia” porque estamos “entrando en la senda de la recuperación neta de empleo”, provocan un mayor descojone de risa que, si no fuera tan dramático, podría ser digno del mejor chiste de Chiquito de la Calzada.

Insultan la inteligencia del ciudadano de una forma tan grotesca, tan estúpida e infantil, que merecen mandarlos a la puta mierda sin pensarlo dos veces, la cara de Montoro diciéndonos que ha bajado el paro en 2.300 personas es de lo más tonto que pudo parir madre. Comparando los datos con el año 2008 se siente contentísimo y nos intenta engañar con los 189.000 españoles menos en la EPA del primer trimestre del año 2014. Lo que no dice el impresentable e imberbe ministro español es que ha bajado la cifra de personas que cotizan en la Seguridad Social en más de 170.000 personas, que la mayoría de personas que han dejado de ser un número más en la EPA están emigrando fuera de España o se han jubilado. Lo que no dice el idiota del Sr. Ministro de la cosa que España está en la cola en el desempleo en Europa, que regiones como Andalucía, Ceuta y Melilla, Canarias y Extremadura están en el “hit parade” de las regiones con más paro en toda la zona europea, por detrás de Macedonia (Grecia).

En las condiciones actuales es imposible crear trabajo estable, solo se puede prolongar la agonía de gente que lo más que consigue es un contrato a tiempo parcial de 8 ó 12 horas a la semana y en épocas muy puntuales, semana santa, navidades, rebajas, temporada estival, nada más. No se dan las condiciones favorables para que funcione la economía productiva, la que verdaderamente crea puestos de trabajo estables y dignamente remunerados; los créditos a las pymes siguen sin aflorar, la banca no concede préstamos al consumo y lo único que le interesa es la deuda pública que adquiere con dinero público y que estamos pagando todos los españoles.

El negocio de las entidades financieras, consentido por el Gobierno de Rajoy, está (una vez liberados los “activos tóxicos” comprados por el Estado Español) en invertir los miles de millones de euros entregados para salvarles de una quiebra fraudulenta, en deuda pública al 5% de interés de media anual. No es de extrañar los datos de Bankia o del Santander en cuanto a beneficios en el primer trimestre del presente año, el negocio está clarísimo: recibo dinero público a fondo perdido y le presta al Estado ese mismo dinero al 5% de interés, así de simple es la cuestión, y cuando la famosa “prima de riesgo” (nombre dado por las Agencias de Calificación o de rating a la valoración del riesgo de empresas, estados, gobiernos federales o autonómicos, etc.) tiende a la baja, bastará con una llamada de las propias entidades financieras que las sostienen para que suba el porcentaje de interés a pagar por la deuda que contraen.

Digamos que en el caso del Estado Español o Comunidades Autónomas el nivel de la prima de riesgo no bajará menos de ese 5% de media anual. Nos gastamos miles de millones de euros en pagar solo los intereses de una deuda que nos asfixia y nos endeuda a tal ritmo que en menos de dos años habremos superado cualquier expectativa de nivelar nuestros ingresos y gastos, a menos que se acabe con los pocos derechos fundamentales que aún nos quedan o bien la revuelta social y el abstencionismo en las urnas obligue un cambio radical de políticas económicas y volvamos a sentar las bases que nos permita forzar  la apertura de un periodo de Libertad Constituyente para transformar el Estado en una República Constitucional de forma pacífica.

La abstención activa es la única forma de expresar la negativa al sistema. Paradójicamente se llama activa porque implica un grado máximo de consciencia e involucración en la realidad política: “Lejos de confiar mi voto a cualquier opción electoral (en blanco o a cualquier partido anti-sistema), opto por negar mi legitimidad al propio sistema”.

Nada cambiará si no obligamos al cambio.

 

 

 

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