FIRMAS

La huella del canario en Venezuela (II). Por Javier Lima Estévez

Al canario que llegaba a Venezuela, ese país le impactaba por varios motivos,  destacando las grandes extensiones de tierra y la gran cantidad de agua que contemplaban, elementos escasos y limitados en su tierra de origen, que de una u otra forman condicionaban la actividad agrícola. Al respecto, podemos recordar la frase que un canario tras haber pasado casi cincuenta años de su vida nos dijo en cierta ocasión y es que: “En Venezuela donde botes unas caraotas ahí te sale una mata” [1], destacando con esta fórmula la notable riqueza del suelo que veía ante sus ojos  Una gran influencia tuvieron los canarios en torno a la actividad agrícola que se estaba desarrollando en Venezuela, pero durante el siglo XX la inmensa mayoría de los canarios que emigraban ya no se dedicaban como en épocas anteriores exclusivamente a la agricultura, pues como bien ha expuesto el profesor Titular de Historia de América de la ULL, Manuel Hernández González, sería «ilógico en una economía urbana en expansión como la venezolana»[2].

Fueron muchos canarios, miles de ellos, los que emigraron hacia Venezuela, contribuyendo con su esfuerzo a crear toda una serie de  comercios, industrias, etc. Resulta evidente entonces entender que la presencia del canario en la actividad económica del país venezolano se ha manifestado de diversas maneras, donde de sobra es reconocida la labor que los isleños han desarrollado en torno a la agricultura, aspecto sobre el cual la bibliografía ha incidido, tal y como se puede observar en diversas obras donde se recogen testimonios de la laboriosidad de aquellos que un día emigraron, enfrentándose ante un terreno –el venezolano- rico en extensiones de tierra y agua a diferencia de lo que ocurría en Canarias. Tal vez sea un poco exagerado, pero se ha llegado a afirmar que en Venezuela: «es de tal magnitud la participación del isleño en la acción agrícola que más del cincuenta por ciento de la producción de alimentos se debe al esfuerzo directo del canario»[3].

El canario tiene también una presencia reconocida en el comercio venezolano, así como en la red que se articuló en torno a la comercialización de alimentos, donde no resulta difícil observar a isleños en mercados como el de Quinta Crespo o Coche, un trabajo en el que comenzaron a tener los canarios una notable participación a partir de los años cincuenta bajo la idea de obtener dinero de la forma más rápida posible y retornar, aprovechando el auge que se estaba desarrollando en el sector terciario venezolano, destacando su presencia en el oficio de repartidor de productos como la leche, frutas, etc.[4] 

Tras su retorno a Canarias, algunos emigrantes destinaron los ahorros que habían obtenido con su trabajo en tierras venezolanas a la creación de espacios como bares,  cafeterías, negocios propios, la agricultura, construcción, transportes, etc[5]

 



[1] Según las palabras que nos dijo en cierta ocasión don Juan Antonio Bello, diácono permanente, ex miembro de la orden de los dominicos. Tinerfeño emigrante en Venezuela por espacio de 48 años, desde 1963 hasta 2011.

[2] HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Manuel. La emigración canaria a Venezuela, p. 214.

[3] LORENZO DÍAZ, Eulogio Gerardo (ed).  Influencia Historia de la emigración canaria en el desarrollo de Venezuela.

[4] MEDINA RODRÍGUEZ, Valentín. Canarias-Venezuela: dos mundos en relación a lo largo del siglo XX. En el Camino [Canarias entre Europa y América], p. 19-20.

[5] DIAZ LORENZO, Juan Carlos. Los Trasatlánticos de la emigración (1947-1974), p. 45.

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