FIRMAS Marisol Ayala

Mariam, la hija de Suárez. Por Marisol Ayala

El país está conmocionado con el estado de salud de Adolfo Suárez, ex Presidente del gobierno español, cuya vida pende de un hilo. Su muerte parece inminente y como a todos, también a mi me ha sacudido la noticia. Por eso en estas horas se han agolpado en mi mente recuerdos de su vida, tan azotada por las tragedias. Y he recordado a su hija, Mariam Suárez. No entiendo mayor dolor que perder una hija; una mujer que afrontó un cáncer de mama con una dignidad asombrosa. El 9 de marzo de 2004 fallecería abatida por un proceso oncológico contra el que no pudo. La he recordado mucho estas horas porque con Mariam, ya enferma, compartí un debate en el Club Prensa Canaria y es lo que quiero compartir con ustedes; aquel recuerdo a modo de homenaje a su padre y a ella misma. En 2001 se constituía en Las Palmas de Gran Canaria la Asociación Canaria de Cáncer de Mama y Ginecológico, un nacimiento en el que participé junto a un reducido grupo de mujeres, entre ellas Marisa Herrera, y que se puso en marcha con el objetivo de que la prevención frenara la enfermedad. Con más voluntad que conocimientos decidimos presentarnos en público pero necesitábamos una persona con prestigio social, capaz de ayudarnos a difundir lo que más tarde jugaría un importante papel en materia de prevención.

Marian Suárez IllanaMariam Suárez Illana.

Elegimos a Mariam ya que por entonces había hecho pública su enfermedad. Buscábamos un personaje cuya sola presencia llenara el Club de Prensa Canaria y esa persona era ella. Utilizamos contactos que nos permitiera llegar a Mariam. Primero queríamos su “sí”, luego ya buscaríamos la forma de sufragar su traslado y los consiguientes gastos. Para nuestra sorpresa, aceptó la invitación para estar a nuestro lado ese día tan importante. Creo recordar que este periódico nos apoyó económicamente y seguro que alguien más. Y vino.

Ya Mariam había escrito su conmovedor “Diagnóstico: cáncer. Mi lucha por la vida”. Ella, tan admirada, tan querida, llenó como nunca nadie lo había hecho el Club Prensa Canaria. Recupero fotos del acto y observo el salón abarrotado. No cabía nadie más. Lo único que nos pidió la hija de Adolfo Suárez fue evitar la aglomeración porque no se sentía cómoda y, evidentemente, su salud era delicada. La protegimos mucho, firmó libros, habló escuetamente y lanzó el mensaje de esperanza que necesitábamos. En la cena posterior de diez o doce comensales celebraba en La Casita, descubrí a un ser humano extraordinario. Como su padre.

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