FIRMAS Salvador García

La penúltima ocurrencia. Por Salvador García Llanos

Es tontería a estas alturas pedir a determinados representantes del Partido Popular (PP) que, en ciertas situaciones controvertidas, antes de emitir la opinión que les piden, deberían contenerse, o sea, no decir nada, o afinar muy bien la respuesta, aunque al final se aproxime a las coordenadas de la obviedad aplastante. Llevamos una legislatura en la que abundan exabruptos, absurdos, dicterios o manifestaciones plagadas de elementos reprobables. Es como una extraña propensión a complicar las situaciones, a enredarlas: echan más pimienta al pote y lejos de atemperar o disminuir la tensión, lo que producen es un efecto completamente contrario.

Es lo que ha ocurrido con Javier Imbroda, el presidente de la ciudad autónoma de Melilla, quien, en plena incertidumbre derivada de los intentos de centenares de africanos de salvar la valla fronteriza y en plena polémica por los sucesos de Ceuta, no tiene mejor ocurrencia que aludir a un comité de azafatas de bienvenida (sic), si los cuerpos de seguridad del Estado van a verse constreñidos en su actuación.
Imbroda debe ser consciente de lo que significa el fenómeno de la inmigración irregular, convertido en tragedia humana por un cúmulo de circunstancias que aconseja actuar con delicadeza a sabiendas de que no es fácil la solución en la que debe implicarse una estructura global como puede ser la Unión Europea. Los crudos testimonios y las imágenes desgarradoras deberían inspirar manifestaciones consecuentes y no gracietas o absurdos como ese de las azafatas que ponen de relieve hasta la insensibilidad de quien declara.
La infortunada manifestación del presidente melillense deja a su propio partido en posición reprochable a la hora de plantear si dispone de políticas de inmigración o de prevención. Es más, seguro que correligionarios y simpatizantes estarán sin salir de su asombro cuando se intenta despachar una cuestión de esta naturaleza. Es que hasta las propias profesionales, las azafatas, deben sentirse molestas, caramba.

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