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Travestís por obligación (2). Por Eduardo García Rojas

INTRODUCCIÓN

Hace unas semanas editamos en este su blog El Escobillón un post que, con el título de Travestís por obligación, repasaba en un puñado de títulos cómo ha abordado el cine la transformación de un actor en actriz por necesidades del guión.

En ese mismo post, anunciamos la pretensión de elaborar una lista semejante cuando se invierten los papeles, es decir, las historias en las que la actriz se transforma en actor.

Como entendemos que lo prometido es deuda, repetimos ahora el mismo esquema aunque con matizaciones y advirtiendo –como siempre que nos atrevemos a estas aventuras– que faltan más títulos. Unos ausentes por despiste y otros por sincero desconocimiento.

Destacamos, en cuanto a la selección de películas, que se ha prescindido de todas aquéllas en las que una mujer hace el papel de hombre (Kate Blanchett como Bob Dylan en I’m Not There; Felicity Hoffman Carmen Maura como travestís en Transamerica y La ley del deseo, respectivamente; Blanca Portillo como el inquisidor fray Emilio Bocanegra en Alatriste y Linda Hunt como fotógrafo que colabora con el periodista sediento de exclusivas que interpreta Mel Gibson en El año que vivimos peligrosamente, entre otras), o comedias tan fantásticas y a las que apenas araña el tiempo como La gran aventura de Silvia porque el objeto de este repaso es solo el de ofrecer películas en las que sus protagonistas asumen una identidad falsa y masculina en la mayor parte de los casos con el fin de hacerse un hueco en un territorio dominado por hombres.

LAS PELÍCULAS

La monja alférez (Emilio Gómez Muriel, 1944).- Se han rodado, que tengamos noticia, dos versiones de la historia de Catalina de Erauso, uno de los personajes más fascinantes de una América en aquel entonces aún hispana. La primera versión, obra del cineasta mejicano Emilio Gómez Muriel, si destaca por algo es por contar como protagonista con María Félix, una de las mujeres más hermosas y carismáticas de la historia del cine. Esta es la historia de una mujer que se hizo soldado escondiendo su sexo mientras demostraba en los campos de batalla un valor que, pensaban sus compañeros de armas, solo podía descansar en el corazón de un hombre.

¿Víctor o Victoria? (Blake Edwards, 1982).- Blake Edwards es, a mi juicio, uno de los grandes directores del cine norteamericano de la segunda mitad del siglo XX aunque tendrá que pasar el tiempo y demolerse muchos prejuicios antes de que esta afirmación –para nada gratuita– sea una realidad. ¿Víctor o Victoria? se trata en todo caso de una nueva versión de un filme producido por la UFA y estrenado en 1933 –el mismo año en el que los nazis llegaron al poder– en el que se plantea la divertida historia de una cantante de ópera que no encuentra trabajo y termina como transformista en un alegre cabaret parisino. El problema surge cuando Julie Andrews, Victoria, tiene que hacerse pasar por Víctor y se enamora de un varonil hombre de negocios norteamericano que interpreta el siempre irónico y convincente James Garner.

Yentl (Barbra Streinsand, 1983).- Nunca me gustó demasiado Streinsand. Ni como actriz ni como cantante ni como directora aunque en Yentl logró y aún logra convencerme de todo lo contrario. Son varias las razones. Por un lado, la ambigua historia de amor que va tejiendo con uno de sus compañeros en la estricta escuela masculina en la que se matricula travistiéndose como hombre; también por los sentimientos que despierta en la novia de, precisamente, el hombre de quien se está enamorando.

La monja alférez (Javier Aguirre, 1987).- Una nueva versión de la vida y hechos de Catalina de Erauso, aunque sin el encanto de la primera y no por su actriz protagonista, Esperanza Roy, compañera sentimental del director, sino por la pobreza de medios con la que se puso en pie. Con todo, es una curiosidad de ese cine español empeñado en que su público lo reconozca y no que el público se reconozca en él.

Shakespeare in Love (John Madden, 1998).- No resulta demasiado creíble observar a Gwyneth Paltrow haciéndose pasar por chico para poder trabajar en una compañía de trabajo que dirige un tal William Shakespeare, pero la película es una bonita manera de acercarnos al extraordinario mundo de su autor, un nombre y un apellido que se confunde en la leyenda y uno de esos escritores a los que todo el mundo cita sin haberlo leído.

Boys Don’t Cry (Kimberly Peirce, 1999).- Es una pena que la carrera de Hilary Swank se haya estancado en los últimos tiempos porque por títulos como Los chicos no lloran merecía una mayor proyección en una industria hoy muy apegada a lo tontamente comercial. Basada en una historia real, el filme se desarrolla en un pueblo perdido de Nebraska, donde la protagonista vive una vida de mentira haciendo de chico al que solo le espera un inevitable y drástico final.

La papisa Juana (Sönke Wortmann, 2009).- La historia original hunde sus dedos en la leyenda: la de una mujer que se hace pasar por hombre hasta lograr presidir la Iglesia católica. En el filme tiene la forma de Liv Ullman, una actriz de referencia en las películas de Ingmar Berman.

Albert Nobbs (Rodrigo García, 2011).- ¿Hubiera resultado la misma película sin Glenn Close interpretando a la mujer que, por necesidad, tiene que hacerse pasar por un hombre para trabajar en un lujoso hotel de Dublín? La respuesta es no porque Albert Nobbs solo podía ser creíble si lo interpretaba una actriz llamada Glenn Close.

BONUS TRACK

El dr. Jekyll y su hermana Hyde (Roy Ward Baker, 1971).- Y finalizamos con una película que no tiene nada que ver con el objeto de este post pero sí que sirve de puente para el planteamiento del primer con el segundo artículo que hemos elaborado sobre este asunto. ¿Por qué? Porque el filme de Baker, producido por la Hammer, reflexiona inspirándose en el inmortal relato de R. L. Stevenson en ¿qué podría pasar si un hombre de pelo en pecho (Ralph Bates), y tras tomarse un extraño bebedizo, se transforma en una seductora y atractiva mujer (Martine Beswick)? ¿Quién vencerá en esta psicotrónica lucha de sexos? El travestismo por obligación vuela en pedazos para reflexionar con morbo en la idea de que en todo hombre late el corazón de una mujer y dentro de toda una mujer, el corazón de un hombre.

Saludos, ¿continuará?, desde este lado del ordenador.

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