FIRMAS Juan Velarde

El paseíllo de marras de la Infanta. Por Juan Velarde

¡Qué pesaditos se han puesto con el paseíllo de la Infanta Cristina! Oiga, si la hija del Rey tiene que pasar por el aro, pues que pase, pero además sin remilgos ni más caprichos. Los ciudadanos de a pie comienzan a ver y a percibir con cierta inquietud como la Justicia para determinadas personas es como ir a la gran superficie, donde uno elige a qué hora va, qué día y qué recurso planteamos en cada momento. Vamos, sólo les quedaría determinar qué juez desean (el fiscal ya les va a favor de obra) que les haga justicia y así ya todo atado y bien atado.

La Infanta, como cualquier miembro de la Casa Real, ya debe estar acostumbrada a eso de pasear delante de los ciudadanos cuando ha acudido a la inauguración de un complejo, de un acto social o, tal vez, era la protagonista de su propia boda. Ahora, en cambio, se debe hacer duro ver como unos pocos metros, los que distan desde la zona donde ya no pueden pasar los coches hasta la puerta del juzgado, se convierten en el trago (y tramo) más amargo para una señora acostumbrada a ser recibida en los sitios con todo el boato y la pompa de que cualquiera de ustedes jamás será acogido en la vida.

Seguramente, de no haber estado mareando la perdiz con esta cuestión de si hay que imputar o no a la Infanta, a día de hoy no tendría tanto interés y, por qué no decirlo, morbo ver si se produce la escena del paseíllo en los juzgados de Palma de Mallorca. No deja de ser un gesto simbólico, pero supone toda una victoria moral para cualquier persona de la calle. Al menos se trata de ver a alguien supuestamente intocable sufriendo en sus carnes el desdoro de verse señalado por el dedo de la corrupción. Por eso se quiere evitar a toda costa esa imagen y no descarten que aún este caso dé un giro de 180 grados porque al juez Castro le están haciendo la puñeta.

Veremos a ver qué pasos se dan en las siguientes fechas, máxime porque cuando se ha querido adelantar en un mes la declaración de la Infanta (que no es un acto voluntario, ya que comparecerá en calidad de imputada). El 8 de febrero de 2014 está aquí, a la vuelta de la esquina, pero como ya se levantó una imputación en 2013, no hay que desdeñar la hipótesis de que encuentren al magistrado algún defecto de forma y le tiren abajo su trabajo.

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