FIRMAS Marisol Ayala

La confianza de Erica. Por Marisol Ayala

Esta columna la escribí en junio del 2011. La destinaria se llama Erica Ramírez y es la hermana de Iván, el enfermero que estos días está siendo juzgado como presunto autor de la muerte de su esposa. La he vuelto a leer y me parece el momento adecuado para compartirla con mis lectores que no la conocen y con ella misma. Me consta su lucha por ayudar a su hermano y destaco su tenacidad. Erica vive con angustia desde su casa en Ubrique el proceso a Iván. Activa compulsivamente a traves de las redes sociales noticias del proceso. Todos deseamos que se esclarezcan los hechos juzgados y que no tengamos dudas sea cual sea la sentencia. Es importante que el lector no olvide que lo que leerá a continuación fue escrito hace cerca de tres años. Preciso que la relación entre ambas comenzó mal porque Erica entonces no entendía que los periodistas quisieran publicar noticias del suceso. Ya lo entiende.

¿Qué circunstancias confluyen para que una persona te inspire confianza sin haberla visto jamás…?. ¿Qué ocurre para que con esa persona tengas confidencias que generalmente solo mantienes con tu círculo más cercano?. Sinceramente, lo desconozco. Por cuestiones que nunca entenderé hay quienes poseen una habilidad, un don, diría yo, que les permite hurgar a los sentimientos de los otros; a los de seres desconocidos incluso en situaciones de extrema gravedad, de auténticas tragedias. Confieso que esa ha sido una constante en mi vida pero nunca había reflexionado sobre tal extremo; si sé que siempre que por mi trabajo he tocado en una puerta desconocida donde habitan seres doloridos y he pedido hablar con ellos; minutos después me he visto sentada en una cocina o en un salón charlando con el personaje central de la noticia, buena o mala. Les aseguro que así ha sido mil veces y lo saben bien quienes han trabajado a mi lado. Las hemerotecas no mienten.

Erica Ramírez AguilarErica Ramírez Aguilar

Todo esto viene a cuento porque estos días vivo una experiencia parecida que tiene que ver con la confianza, con la lealtad. Ocurre que una joven andaluza cuya familia se ha visto sacudida por una terrible tragedia en Gran Canaria, y a la que no conozco, ha ido depositando en mí tal nivel de confianza que me sorprende y halaga a la vez. Las dos sabemos que ella y su familia son codiciadas presas para la prensa y, sin embargo, aquí me tienen conociendo de la mejor fuente posible datos de un caso judicial terrible que a lo largo ya de un año de fluida comunicación daría para un libro.

En casi doce meses hemos hablado de dolor, de miedo, de desconcierto, de jueces, de duras confidencias y de velados reproches. Los desenfadados correos han ido encadenando una curiosa relación basada en la lealtad y en el respeto. Quizás tenga algo que ver el hecho de que yo la vea como una hija de 29 años, destrozada por una muerte que aún se investiga y por el daño que el hecho ha causado en las dos familias.

Hace unos días recibí su último e-mail y en él reconoce eso de lo que hoy hablo en mi artículo. La confianza. “Yo a usted no la conozco en persona”, dice, “tampoco sé mucho más para poder opinar pero créame que en el tiempo que llevamos en contacto me transmite confianza. Las puertas de mi casa estarán abierta para usted y si viene le enseñaré mi pueblo, que es muy bonito”. Inocencia y dolor. Diré ahora que la joven de mi historia se llama Erica Ramírez, tiene 29 años y es la única hermana de Iván Ramírez, el enfermero del Hospital Universitario Insular de Las Palmas de Gran Canaria acusado de asesinar con talio a su mujer, madre de su hijo, también enfermera. Estos días se cumple un año del suceso y Erica está muy afectada. Vio salir a su hermano del pueblo camino de Canarias a buscarse la vida como enfermero y hoy, ya ven… La herida de lo vivido está tan fresca que sangra desde que menciona a su sobrino, refiere la lejanía o relata el vuelco que ha dado su vida. Iván continúa en la prisión Provincial del Salto del Negro y ellos en Andalucía. Rara es la semana que Erica no mueve cielo y tierra para conocer el estado de su hermano. Amigos, sacerdotes o funcionarios tratan de aplacar su dolor pasándole información. Mi amiga tiene fe ciega en la inocencia de su hermano pero a veces se viene abajo. “¿Quién te iba a decir Erica que una periodista sería tu paño de lágrimas …?”, le pregunté una vez con humor. “No lo sé: Me inspiras confianza”. Ya ves que raro es todo.

En definitiva, la necesidad de buscar un hombro amigo y leal es universal.

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