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MARKETING Y PUNTO. Principios y política. Por Carmen Perera

Las recientes encuestas de clima político e intención de voto me han hecho recordar los múltiples análisis electorales de las últimas campañas en las que he participado, directa o indirectamente. Y qué quieren que les diga. Más de lo mismo.

No es que las encuestas no sirvan para nada, como muchos se empeñan en recordarnos (sobre todo si el resultado no les favorece), es que la cocina hace mucho daño. Llamamos cocina al análisis posterior, a la interpretación que se da a unos resultados que no dejan de ser datos, puros y duros. Esa cocina debe hacerse objetivamente si realmente se quiere utilizar sus resultados como herramienta de trabajo.

¿Cómo debemos interpretar una encuesta que dice que el PSOE supera al PP en intención de voto en apenas 1.5%? ¿Que está cambiando la tendencia? Por favor, seamos realistas. Un punto y medio entra dentro del error muestral de la encuesta, por tanto como poco están en empate técnico. ¿Que la gente está muy cabreada y va a cambiar la intención de voto? En este país la gente cabreada se desahoga en el bar, el taxi o viendo el fútbol. Sin más.

En este pueblo nuestro nunca ha habido una relación directa entre la situación personal o colectiva y la intención de voto. El mismo encuestado que te dice que le preocupa la situación económica y que tiene un hijo en paro y que los políticos son todos unos ladrones… al final de la encuesta posiblemente te dirá que no vota porque eso no sirve para nada.

Una conducta impropia, inmoral o incluso ilegal de un personaje o un partido político no siempre tiene su reflejo en la intención de voto de la ciudadanía, ni siquiera en la valoración que se tiene de aquel personaje o partido. Yo he sido testigo de un análisis cualitativo en precampaña en el que, tras media hora debatiendo sobre la amoralidad de un candidato, los participantes en la sesión de grupo acabaron afirmando (sin el menor rubor) que tenían intención de votarle en las próximas elecciones.

Una vez hace muchos años hablando de política con un taxista (me encanta hacerlo) unos días después de unas elecciones locales, me reconoció que él le había votado a un determinado partido porque su mujer trabajaba en un ayuntamiento regido por ese color político y aunque no estaba muy conforme, debía pensar en la situación de la familia. “Los principios son cosa de ricos” me dijo. Esa frase me ha acompañado durante mucho tiempo como una espada de Damocles. Aunque comprendía la realidad de aquel trabajador, me dio mucha tristeza. Sobre todo porque no es cierto. Yo nunca me he hecho rica trabajando, y trabajo 14 horas al día, pero si hay algo que me enriquece y defenderé siempre son mis principios. Supongo que por eso dejé el marketing político.

A mí la política siempre me ha gustado. Más que gustarme, me apasionaba. Solía pensar que si querías cambiar las cosas, de verdad, debías entrar en política y cambiarlas desde dentro. Pero ¿saben qué? Después de escribir esa misma frase en los discursos de muchos políticos de distinta condición e ideología llegué la conclusión de que yo era la única que lo sentía (tal vez alguno de ellos lo pensó o sintió en su momento, pero la política o el cargo o el partido o vetetuasaberqué en algún momento les hizo mirar hacia otro lado).

El otro día escuché en televisión a una concejala de un pueblo que contaba cómo le ofrecieron varios millones de euros por votar a favor de un macroproyecto urbanístico que ella sabía que no era bueno para su municipio (el hecho de que sus amigos le dijeran que si estaba loca por rechazar esa fortuna no hace sino reafirmar el comienzo de este artículo). Ella votó en contra. Ole sus principios. Si alguna vez me tropiezo con una perla como ella volveré al marketing político.

Hasta entonces, señores, si quieren defender sus principios háganlo en las urnas. No queda otra.

 

Carmen Perera es consultora de marketing
consultoria@carmenperera.es
 

1 Comentario

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  • Absolutamente de acuerdo. Pienso que la clase política de un estado, es un reflejo de su ciudadanía. No puedo creer que en lugares donde los políticos han sido declarados culpables por un juez en casos de corrupción, vuelvan a ser elegidos. En este país, la picaresca y el individualismo no deja lugar a la integridad, es más, se ve a esas pequeñas joyas humanas como bichos raros.