FIRMAS Juan Velarde

Carrefour: ‘El cliente es lo último’. Por Juan Velarde

Carrefour España debería tener como lema: ‘El cliente es lo último que nos importa’. Peor hipermercado no puede existir en nuestro país, es prácticamente imposible hacerlo peor. Si sus empleados quisieran meter la pata a propósito, estoy convencido de que no les saldría de manera tan natural, tan espontánea. No sé dónde encuentran a estos figuras ni quiénes serán los responsables de recursos humanos, pero desde luego es que se lucen a la hora de maltratar a la clientela a la que llegan a examinar como si fuéramos auténtico extraterrestres.

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Carrefour ha conseguido institucionalizar en sus establecimientos españoles la máxima de que si algo puede salir mal, saldrá mal. Las asociaciones de consumidores suelen ponerle en sus listas como uno de los centros a vigilar por sus políticas engañosas en materia de promociones, descuentos y demás historias. Hay que tener un cuidado tremendo cuando sacan grandes ofertas porque, sobre todo si es en alimentación, puede ser que te estén colocando un producto a puntito de caducar. Y como algún empleado te pille rebuscando entre los que están más al fondo puede ser que te ganes una amonestación o una mala cara (como si encima te fuesen a dar gratis ese pack de seis cartones de leche que te caduca pasado mañana).

Por supuesto, siempre ir armado de catálogo y de un teléfono que pueda hacer fotos. La experiencia te dice que cuando llegas a caja la supuesta oferta chollo pasan a cobrártela a precio normal. Uno, ya avispado en el asunto, suele estar al tanto y aún así, aun cuando el cliente les dice que vayan descontando 50 euros del precio cobrado porque se trata de una promoción, intentan decirte que tú te has equivocado, que la oferta ya caducó o que no te has leído bien las condiciones. Y ojo, que no esté la caja a tope de clientes por detrás porque entonces, hasta que la cajera o cajero de turno solventen el problema, te apartan casi como un apestado para que pasen otros clientes.

Pero no crean que todo acaba ahí. Recen para que el producto adquirido no venga defectuoso porque entonces sí que van a conocer el verdadero infierno, la atención al cliente, una especie de triángulo de las Bermudas donde, de repente, su tiempo se va como arena entre las manos y puede dejarse una o dos horas hasta que le atienden (y eso contando con quien le toque en suerte hable su idioma y no tenga que buscarse un intérprete en sanscrito o que sepa el lenguaje de la mula Francis, básicamente por las coces que suelen dar en ocasiones a quienes van a realizar las reclamaciones pertinentes).

Así que, estimados lectores, cuanto menos pisen Carrefour, mejor que mejor. En ocasiones, por cuestión de cercanía, no les quedará de otra, pero entonces invoquen a todos los santos y ármense de más paciencia que el mismísimo santo Job, les va a hacer mucha falta.

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