FIRMAS Juan Velarde

Ricart duerme al lado de las vías del tren…su víctimas, en el cementerio. Por Juan Velarde

Miguel Ricart, en su breve estancia en Cataluña, ha tenido que dormir junto a las vías del tren porque nadie ha querido acogerlo ni en la más mísera pensión. Como cristiano sé que está mal desear el mal ajeno y regocijarse en el sufrimiento porque, normalmente, todo lo malo que le deseas a otra persona, por muy criminales que hayan sido sus actos, se acaba volviendo en contra de uno. Sin embargo, lo reconozco, cuesta muchísimo abstraerse del hecho de que este tipo fue el autor (o uno de los autores) material del asesinato vil y cobarde de Toñi, Miriam y Desireé, las tres niñas de Alcàsser que jamás pensaron que hacer autostop iba a suponer para ellas su último viaje en vida, un viaje hacia la muerte más cruenta que la mente humana pudiera imaginar.

Por eso, aunque sea políticamente incorrecto decirlo, ninguna pena me da que Ricart esté tirado cual rata o perro callejero vagabundeando por ahí en busca de unos cartones con los que guarecerse de las inclemencias de tener que dormir al raso. Es igual. Me dan más pena los familiares de estas niñas, que hoy serían todas ellas unas mujercitas hechas y derechas, posiblemente casadas y con bebés. Estas chicas, hoy enterradas en el cementerio, jamás tuvieron la oportunidad de elegir sobre dónde querían dormir cuando Anglés y Ricart las torturaron hasta dejarlas sin una gota de vida. No les dijeron que se fuesen a dormir a la vía. No, se divirtieron con ellas, abusaron todo lo que quisieron y luego, como el que se levanta de un pantagruélico almuerzo, las enterraron y allí las dejaron hasta que meses después fueron descubiertos los cuerpos.

A mí, sinceramente, lo único que me preocupa de que Ricart esté durmiendo en la calle es que puede cruzársele el cable a las primeras de cambio (algo casi telegrafiado por los psicólogos de la prisión) y cometa un crimen. Estamos ante un sujeto que no tiene ya nada que perder, que cuenta con el repudio de toda la sociedad española y que va a ir vagando de ciudad en ciudad hasta que se le agote la paciencia y entonces opte por coger al primer inocente que pase por su lado y fulminarle de raíz. Sinceramente, ¿se han medido por parte de los tribunales de Justicia cuáles son las consecuencias de tener a alguien así suelto a sus anchas y que tiene todo el potencial del mundo para delinquir y matar sin mayores miramientos? Mucho me temo que no y esperemos no tener que arrepentirnos.

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