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Beatriz, la única canaria víctima de la talidomida

Elblogoferoz/Marisol Ayala.-El 30 de junio de 1993 se publicó por primera vez la historia de Beatriz López una niña canaria que nació sin brazos efecto de la Talidomida y que su madre biológica abandonó en la Casa Cuna de Tenerife. La pequeña fue adoptada despues por una mujer, Salvadora Pérez, que pese a tener varios hijos la acogió en su casa y formalizó la situación. Desde que aquel año en el que Bea asomó su cuerpo frágil en la prensa entró en la vida de los canarios porque su primer llamamiento en 1993 fue conmovedor: “Quiero tener unos brazos“. Cumplía 16 años. La sociedad canaria se puso a su lado y le costeó unos brazos ortopédicos mecanizados recaudando 19.000.000 pesetas de entonces. Sin apenas haber salido de Firgas Beatriz la chica viajó al Hospital Johns Hopkins Baltimore en 1995 donde le colocaron (que no implantado) unos brazos que finalmente rechazó, pero sus piernas son sus brazos inexistentes. Siempre me asombró su habilidad.

Ocurrió que la madre biológica de Beatriz durante el embarazo tomó unas pastillas llamadas Talidomida que evitaban los vómitos, pastillas que con el tiempo se comprobó que causaban en los bebés efectos devastadores. Beatriz es una muestra. Nació sin brazos y su historia es la de una lucha permanente. Tenía 14 años cuando la adoptaron, llegó a Las Palmas y comenzó a vivir en Firgas pero mil veces ha dicho que quisiera saber quién es su madre biológica y preguntarle por qué la abandonó: “No le voy a reprochar nada pero si preguntarle ¿por qué…?”

Beatriz López Pérez es hoy una mujer de 33 años, casada hace cinco con David Amado Armas y no descarta ser mamá. Dice que su madre biológica pudo ser una joven palmera que no quiso saber de ella desde que conoció su estado físico, no solo de extrema gravedad, si no su incapacidad eterna de futuro incierto. Sin embargo, la milagrosa aparición de una monja de la Casa Cuna de Tenerife dio un vuelco a la existencia de la niña. De aquello ya han pasado 34 años, los que tiene Bea, pero los últimos diez o doce a la chica la martillea un sentimiento: Hallar a su madre y preguntarle qué razones le llevaron a dejarla en una casa cuna: “Por eso me puse en contacto con la Jefatura Superior de Policía tratando de encontrar algún dato que me llevara a ella pero todas las puertas se cierran. Un inspector me dijo que es indudable que el ginecólogo que atendió el parto tendría que recordar a la fuerza aquel momento porque no todos los días nace un bebé como yo, sin brazos. Suponemos que esa imagen debe tenerla grabada ¿no?, pues nada, ni un palabra. Incluso para casarme tuve que dar mil vueltas para encontrar la partida de nacimiento; al final la hallé en el Obispado de La Laguna pero alguien la firmó con unas rayas que ni se reconocen bien…”. Beatriz piensa que teniendo en cuenta que su madre biológica, según le han dicho, era una jovencilla de 17 años igual fue al hospital dio a luz y le dijeron que el bebé había muerto o, tal vez, ni se lo dijeron y se fue. “Sé que mi madre verdadera es Salvadora, desde luego, pero hace tiempo que me pregunto qué empujó a mi madre biológica a abandonarme. Creo que si ella sabe que existo me tiene localizada porque he salido en muchos medios y si alguna vez ha tenido intención de encontrarme ha podido hacerlo; hoy mismo, con esta entrevista, por ejemplo, podría intentarlo”.

Dentro de todo Beatriz ha tenido suerte. Una monja de la Casa Cuna de Tenerife llamada Sor Pino le tomó tanto cariño desde bebé que animó a su hermano Antonio López y a su novia, Salvadora Pérez para que lo sacaran de paseo. Ellos viajaban de Las Palmas e Tenerife para ver a Sor Pino. Otro golpe de suerte fue cuando a la niña la trasladaron desde Tenerife a Ciudad Infantil San Juan de Dios en Las Palmas G.G. con lo cual ya estaba más cerca de mamá Salvadora, su salvadora y nunca mejor. Salvadora solo tenía solo 14 años y fuertes convicciones religiosas cuando vio por primera vez a Bea. “Yo sabía”, cuenta, “que tres familias querían adoptarla pero la chiquilla solo quería venirse conmigo, así que cuando me casé y ya tenía nada menos que 5 hijos la adoptamos. Eso es todo”. Beatriz ha tenido a su favor su enorme tenacidad.

Ya hemos dicho que en 1993 Bea inició una batalla por tener brazos hasta hacer un llamamiento a la sociedad canaria. Recaudó 19.000.000 de pesetas entre donaciones, rifas, actos solidarios y otras gestiones. El cirujano libanés, Hani Mhaidli, Jefe de la Unidad de Raquis del hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, desde que conoció el caso quiso acompañar a la niña a los Estados Unidos y allí fue testigo de su lucha. En tierras americanas el doctor se convirtió en su protector, en la persona que la orientaba en lo médico y en lo personal. Regresaron y ambos perdieron el contacto porque la vida de Bea dio un giro y empezó a caminar de otra manera, se hizo mayor, se enamoró y se casó.

Probando sus "brazos"Probando sus “brazos”

 

David Amado Armas, su marido, un joven de 27 años se conocieron cuando ambos tenían menos de siete años; los dos estaban internos en San Juan de Dios recibiendo sesiones de rehabilitación. Ambos lo recuerdan entre risas. Se entienden muy bien aunque Beatriz tiene un carácter decidido que Amado frena con mano izquierda. “Lo que pasó”, cuenta el chico tomando las riendas del relato, “es que yo estuve en San Juan de Dios cuando era pequeño por un problema de columna. Allí vivía, igual que Beatriz, pero la verdad es que no me acordaba de ella porque yo tenía sólo cuatro años y ella siete”.

Pero el destino les guardaba una sorpresa. Ocurrió que Beatriz durante el proceso de adaptación a los brazos y sabedora de que su habilidad con la informática le abriría muchas puertas se matriculó en una academia para mejorar esos conocimientos. Fue allí donde vio “a un chico”, David, “que manejaba todo muy bien”. El resto ya lo imaginan: Acabaron en el altar. Ver a la pareja en su cómoda y adaptada casa de Firgas es bonito porque los dos se cuidan y se miman; nos muestran videos de su boda porque son apasionados de las fotos. “¡Mira, mira!…¡ahí, ahí estoy bailando con mi padre…!”, grita Bea como una niña.

La sirena de Baltimore.

Sin saber inglés y sin haber salido jamás de Firgas, Beatriz López, viajó a Baltimore Hospital Johns Hopkins en 1995 . En la piscina de ese centro se grabaron imágenes espectaculares de una jovencita Beatriz, de cara aniñada, que ante el asombro de todos hacía piscinas y piscinas utilizando solo los pies; las recorría con tal destreza que alguien llegó a pensar en hacer una película con su historia. Bea no tenía brazos pero nadaba como un pez, de tal manera que la prensa local la bautizó como “la sirena de Baltimore”.

Beatriz2Desde pequeña esta criatura se manejó muy bien en su quehacer cotidiano y hacia con los pies lo que los brazos ausentes le negaban pero nunca se resignó a no tenerlos; su familia cuenta que con diez o doce años iba a todas las ortopédicas en busca de una solución para sus brazos. Pero no había. Cuando hubo una solución, los brazos mecanizados que le colocaron en Baltimore, sufrió una caída y los arrimó. Pesaban demasiado y la niña no podía con ellos.

La madre: “Yo la animo para que sepa qué pasó en la clínica”

Salvadora Marrero González, la madre adoptiva de Beatriz, tiene ya 6 hijos más Bea, ésa chiquilla a la que sus hermanos adoran poseedora de un carácter que a veces provoca reacciones complicadas: “No es para menos teniendo en cuenta cómo ha sido su infancia y su vida en general; digamos que Bea tiene un carácter fuerte, eso es verdad”, dice Salvadora una mujer buena que ha sido la primera en animar a su hija a encontrar a su madre biológica. “Yo siempre le digo que no se puede vivir con esa pena o esa incertidumbre; que lo mejor es saber las cosas y si al final la encuentra, preguntarle lo que quiera. Yo creo que hay perdonar y para eso se debe saber qué impulsó a esa persona a dar ese paso, dejar a su bebé abandonada”. Sabias palabras.

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