FIRMAS Salvador García

San Telmo Bulevar. Por Salvador García Llanos

Estaban colocadas las vallas desde el viernes, vísperas de una noche en blanco que tenía en el propio paseo alguno de sus escenarios. Podían haber sido instaladas con un efecto disuasorio o como una señal de poderío. Vallas de tela metálica verde, antecedentes de obras en las pequeñas vías que unen la calle La Hoya con el paseo. Desde la Punta del viento hasta el lateral de la plaza de la ermita.

Ese era el nuevo escenario que casi anticipaba la suerte final. Aunque nunca la claudicación, a tenor del espíritu y del entusiasmo que lucieron quienes se siguen oponiendo al derribo del muro de San Telmo. Allí estaban, un domingo más, megáfono en mano, coreando consignas y colocando una pancarta doméstica y lazos negros sobre las vallas metálicas. Eran unas decenas de personas más que otras veces: mayor animación, mejor predisposición. Con mucho respeto, no se rinden. Y no se van a rendir. “Salvemos San Telmo”: los extranjeros preguntan y hacen signos de aprobación cuando les explican la causa.

Fotos en las escalinatas y fotos en la Punta del viento. Hay infinidad de curiosos. La concentración es una expresión de solidaridad. Acuden libremente quienes quieren y pueden. Hay ‘santelmeros’ de toda la vida, los que aprendieron a nadar allí, los que jugaron de críos y los que aún disfrutan de la terraza y de su pavimento, de sus escaleritas y de sus charcos cuando baja la marea. Allí estaban, resistiendo. En la pequeña gran historia local, ocurra lo que ocurra con el paseo, por muchas desestimaciones de sus alegaciones que sumen, su actitud quedará registrada como la reacción cívica de un sector de población empeñado en defender la identidad de un rincón del pueblo.

En medio de aquella concentración, nos vino a la memoria un artículo sobre el paseo publicado hace treinta años. “San Telmo bulevar” era el título, alusivo a la identidad del paseo en medio de la geografía y la idiosincrasia local. Lo hemos rescatado. Y lo reproducimos.

“El paseo de San Telmo era, hasta hace unos años, el reflejo del caos urbanístico de la ciudad, hasta que la mano reparadora de César Manrique lo transformó en un bulevar sugerente que une el corazón turístico de la ciudad con el centro de la población.

En San Telmo, que muchos siguen identificando como “El Boquete”, había verbenas, ahora convertidas en sardinadas de verano. Y los jóvenes de toda una generación se daban cita para derrochar la valentía de un lanzamiento desde el acantilado, protagonizar apasionantes partidas de envite, despertar tiernos amores de juventud y pagarle cuatro cervezas a Manuel ‘Ratón’ Rodríguez, cuando se habían consumido siete. En San Telmo, donde todavía se baña el alcalde, los jóvenes de ahora imprimen otro sello que nada tiene que ver con aquella rivalidad entre los miembros del Cima Club y del Peñita.

El bulevar es una mezcla lógica de usos y costumbres extranjeros. El singular espectáculo de las olas bramando y rompiendo desde El Penitente, aderezado por unos potentísimos focos durante la noche, es seguido por miles y miles de personas que se detienen en escaparates de las boutiques de lujo o de bazares con ostentosas figuras de Lladró.

En el bulevar se dan cita vendedores de bisutería o de rudimentarios juegos infantiles. Tiene reminiscencias de cultura hippie, con cítaras y armónicas esporádicas; y sabor de pasaje persa cuando les intentan colocar un presunto ‘Omega’ de oro a precio de ganga. Se rinde culto al consumo con pollo frito y “wimpy-burgers”. Las discotecas dejan escuchar la voz de Bertín Osborne durante el día y por la noche el sonido de ‘Police’ toma el relevo en las boites; alguna, por cierto, refugio de “latin lovers” a los que no resulta difícil el romance con la escandinava que vino en busca de la aventura.

San Telmo, recogido en el cantar de “Los volcanes del Teide”, con sus rincones: Reboso, Espadarte, Cebada… San Telmo, plasmado en las acuarelas de Ávalos… San Telmo conserva el sabor y el encanto de los lugares por los que se distingue a su ciudad. Aunque el paseo sea ahora un sugerente bulevar y otros hayan tomado el relevo…”

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