FIRMAS Juan Velarde

PISA: La educación española, un caos. Por Juan Velarde

¿Estamos tan mal, académicamente hablando, en España? Pues no sólo es que estemos mal, es que estamos aún peor y a Dios gracias que todavía debe quedar alguna nación por estos mundos de Dios que nos sostiene por debajo para no caer al último puesto, pero todo se andará. El informe PISA es brutal contra el sistema educativo patrio, pero es que tampoco podemos esperar otra cosa cuando cada cierto tiempo, desgraciadamente con mucha frecuencia, se cambian los planes de estudios, las leyes educativas duran menos que un caramelo a la puerta de un colegio y se fomenta en las aulas la cultura de la vagancia extrema.

Los expertos en elaborar año tras año PISA insisten en lo mismo, en que nos falta capacidad lectora, comprensiva y también que tenemos serios problemas con las matemáticas, que somos unos zotes de mucho cuidado. Pero es que es normal, no se inculca nada a los jóvenes, se les da todo hecho, nada de esforzarse con complicadas sumas, restas divisiones o multiplicaciones…a la calculadora y punto. Claro, luego se llega a ciertos niveles (una oposición, por ejemplo) y cuando toca hacer test psicotécnicos en los que te preguntan que cuánto cuestan unas gafas sabiendo que he gastado 280 euros y la funda costaba 30. Las respuestas eran de lo más variopintas, desde que eran 280 euros porque las gafas no podían dártelas sin funda a soluciones imposibles. Vamos, que era más fácil detectar más disparates que contestaciones correctas.

Normal, claro, que del informe se deduzca que los estudiantes de 13 años de Japón tienen mucho más conocimiento que un universitario español de 21. No me sorprende, mientras que aquí estamos anquilosados en un sistema donde no se exige esfuerzo (se puede pasar con una tonga de asignaturas pendientes al curso siguiente), en otros lugares de Europa o en países como Japón y Canadá nadie concibe eso de pasar el día en la escuela como quien va a pasar el tiempo a la oficina. Ahí se trabaja, se insiste en profundizar en conocimientos, se abunda en la teoría, pero también en los aspectos prácticos, hay un seguimiento del alumno.

Aquí, en ocasiones, sobre todo en la Universidad, sólo interesa que el alumno pague las tasas y si luego sólo se presenta al examen no tendrá penalización en la nota (incluso, eso lo he vivido yo en la Universidad de La Laguna, en Ciencias de la Información, una persona que no acudió en todo el cuatrimestre acabó con una matrícula de honor más grande que Maracaná). En lugares serios, en cambio, lo del examen es lo de menos, lo que se pretende es que el estudiante aprenda y entienda por qué se hacen las cosas. Aquí pensamos que todo se reduce a una carta, el examen final y después, con una formación práctica nula pretendemos creernos los amos del mundo y ahí es donde las empresas, en España y fuera de ella, nos dicen que nones, que sin experiencia práctica en la universidad no hay nada que rascar.

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